¿Qué podemos esperar del año nuevo?

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“El pueblo que caminaba a oscuras vio una luz intensa, los que habitaban un país de sombras se inundaron de luz. (Isaías, 9,1)

Casi siempre al finalizar el año nos movemos entre la esperanza, la angustia y muchos interrogantes ¿Qué será de nosotros?, sin empleo, sin recibir salarios a tiempo, con despidos masivos, sin hospitales y medicinas, con tanta inseguridad y violencia etc. etc. Parece que las siete plagas han caídos sobre el país. No obstante, escuchamos voces optimistas del gobierno que no siempre concuerdan con la realidad.

El gobierno debe restituir la esperanza real a su pueblo, que se ha vuelto desconfiado de las instituciones, incluso de las religiosas. Desconfía de las palabras y de las promesas, saturados de falsas esperanzas, quiere hechos, cosas visibles, desea caminos nuevos de justicia, rectitud, legalidad. Espera un país nuevo, dirigentes nuevos, otras formas de hacer política, nuevas posibilidades de vida para la población y un alto a la impunidad.

Los últimos acontecimientos como la captura de dos ciudadanos con liderazgo nacional han despertado sentimientos de alegría en la mayoría de la población y de serena confianza: no todo está perdido dicen algunos, algo se puede hacer todavía dicen otros y no falta quien dice ¡lástima! que las acciones no vengan de nuestro sistema de justicia sino del norteamericano. Otros dicen ¡ojalá aprendamos la lección!, la ley debe estar por encima de todos y quien la ha infringido tiene el derecho de defenderse pero también debe ser penalizado si ha torcido la ley.

En Honduras muchos nos preguntamos, ¿cuándo tendremos juicios apegados a la ley?, ¿hasta cuando se dictará sentencia a quienes traficaron con la salud del pueblo y provocaron la muerte de muchas personas?, ¿cuando el poder político dejará de influir en la aplicación de la justicia?. La experiencia del pueblo es que a muchos no se les da la oportunidad de defenderse, los pobres pasan años y años sin ser juzgados aun guardando prisión y otros son juzgados en libertad mediante fianzas millonarias. Mientras unos son penados antes de ser juzgados, otros no pueden ser penados mientras no sean juzgados? ¿Hasta cuando los que se han adueñado del poder y han delinquido serán sometidos al poder de la ley? ¿Cuándo será el día que la justicia de a cada uno lo que se merece?.

Es penoso y doloroso que apliquemos la ley porque otros nos obligan a hacerla. Y todavía tengamos el descaro de solidarizarnos con el robo, la estafa y el crimen organizado y con quienes han saqueado al país. Nuestra pobreza tiene nombres y apellidos de personas que de forma denigrante se han apropiado de los bienes y recursos del Estado. ¿Cuántas riquezas desaparecerían y cuanta pobreza se reduciría si se confiscaran todos los bienes robados?

¿Qué pueden esperar los ciudadanos de a pie?. ¿Qué pueden esperar las miles de personas que han perdido a sus familiares y no tienen ni siquiera esperanza de que haga justicia?. Muchos dicen que la justicia tardía no es justicia.

Sin embargo, en nuestros países y en Honduras en concreto, no importa si pasan 50 o 100 años. Lo importante es dejar a las futuras generaciones una lección de rectitud, ética y legalidad. A pesar de todo, algo se está moviendo en Honduras, diversas fuerzas se están conjugando para establecer un sistema legal justo, donde el Estado sea garante de la vida de todos. Las instituciones civiles abogan por una Corte Suprema de Justicia que no solo goce de legalidad sino que impulse la aplicación de la justicia y de la ley en el país. La aplicación de la ley de modo transparente por una Corte Suprema de Justicia objetiva será un primer escalón para caminar hacia la justicia.

El pueblo sigue aguardando un año mejor. Somos un pueblo que no se cansa de confiar porque lo que le sostiene es la esperanza y el deseo de seguir luchando y creyendo en un mañana distinto. “Cuando un cristiano olvida la esperanza, o peor aún pierde la esperanza, su vida no tiene sentido. Es como si su vida estuviese delante de un muro: nada. Pero el Señor nos consuela y nos rehace, con la esperanza, ir adelante. Y también lo hace con una cercanía especial a cada uno, porque el Señor consuela a su pueblo y consuela a cada uno de nosotros” (Papa Francisco, Diciembre, 2013).

Quizá estemos lejos de un sistema justo, nos conformaría que el país se rigiera apegado a la ley de manera equitativa. La justicia va más allá de la ley, porque lo que es justo no está determinado por la ley. El efecto de la justicia será la paz y el fruto de la justicia la tranquilidad y seguridad perpetua (Isaías 32, 17). La justicia hace darle al otro lo que le pertenece.

Por eso, para los cristianos, esta situación por muy difícil que sea es teológica, es decir, en ella se manifiesta el Señor que rehace nuestra esperanza y nos empuja a caminar hacia adelante. No podemos detenernos, vivir arraigados en la esperanza es necesario hoy más que en otro momento de nuestra historia. La organización a todos los niveles es un gran reto. También es urgente la organización de la población en las comunidades, en las zonas, en las parroquias. Debemos hacer que nuestras voces se escuchen. Nuestra palabra y acción deben servir para exigir el derecho, la justicia, la verdad y la paz. Somos ciudadanos de un mundo donde Dios quiere que vivamos con dignidad, esa es nuestra tarea.

Reflexión comunitaria

• ¡Es la hora de encender la luz!. Es la hora de cambiar la historia de la justicia en Honduras!.

Pastoral Social / Cáritas de Honduras

No. 132 / Año 13 / 24 de Diciembre de 2015

Tegucigalpa, Honduras

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