¿Estamos en una etapa de crecimiento espiritual o caminamos hacia una sociedad secularizada?

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“En su esencia, el secularismo separa y opone al hombre con respecto a Dios; concibe la construcción de la historia como responsabilidad exclusiva del hombre. Dios resultaría, pues, superfluo y hasta un obstáculo. Dicho secularismo, para reconocer el poder del hombre, acaba por sobrepasar a Dios e incluso por renegar de Él. En unión con este secularismo se nos propone todos los días, bajo las formas más distintas, una civilización de consumo, el hedonismo erigido en valor supremo, una voluntad de poder y de dominio, de discriminaciones de todo género” (Documento de Puebla, No. 435).

Acaba de pasar la celebración de la Semana Santa entre los católicos, centrada en el triduo pascual: Jueves Santo -la Santa Cena del Señor-, Viernes santo -la Pasión del Señor- y Sábado Santo, la gran Vigilia de Resurrección del Señor. Estos días no se pueden separar en la celebración de la Iglesia católica, no se entiende el uno sin el otro.

Y el hilo conductor es el amor misericordioso de Dios por la humanidad.

Los periódicos y medios de comunicación informaron sobre los diferentes actos litúrgicos y procesiones con bellas imágenes realizadas en todo el país. Además de jóvenes representando en vivo la pasión de Jesús y muchas otras actividades. Una semana de meditación espiritual, de reflexión para adultos, jóvenes y niños. No se ha cuantificado la asistencia a estos actos, pero ciertamente ha sido numerosa. La gran pregunta es ¿qué queda después, qué seguimiento da la Iglesia a estas manifestaciones de piedad popular?. ¿Qué pasa por la mente y el corazón de quiénes participan?.

Para muchas personas es una semana para ponerse en paz con Dios, para forzar la marcha en seguimiento de Jesús, para estar cerca de Dios, son días de penitencia por los pecados cometidos o es parte de una costumbre o tradición de familia y para otras experimentar qué se siente. Quizá muchos se identifican con los dolores de Cristo, sus padecimientos injustos reflejados en los padecimientos personales, pero ¿cuántos se identifican con los sufrimientos de los excluidos, niños, adultos, enfermos, presos y migrantes?.

Por su parte, los miembros de otras confesiones cristianas realizan eventos como campañas de curación o sanación y visiteo casa por casa, a veces más interesados en destruir la forma en que los católicos manifiestan su fe que por transmitir el evangelio. La preocupación para muchas de esas denominaciones es aumentar la membresía de su iglesia, ganar almas para Cristo sin hacer ninguna relación con la realidad.

Mientras eso acontecía en las iglesias, ¿que pasaba con otros sectores de la sociedad?.

Según informaciones del gobierno y de los medios de comunicación, más de 3 millones de hondureños hicieron turismo en playas, ríos y diferentes centros de recreación. Se multiplicaron los concursos: Miss Playa, Miss camisetas mojadas, Miss verano y se elimina la ley seca. Incluso se promociona la cerveza como una bebida con bajo nivel de alcohol. No cuentan los muertos. Lo importante es incrementar el turismo y que los veraneantes abarroten las playas.

No cabe duda que la sociedad de consumo y de disfrute del placer penetró nuestra sociedad. Y la forma más sencilla para actuar como si Dios no existiera es proponer -bajo formas distintas- una civilización de consumo, el disfrute por el disfrute como el valor supremo y desarrollar al máximo el afán de poder, de dominio y de dinero con discriminaciones de todo género. Ésta es la forma concreta y eficaz para construir una sociedad de espaldas a Dios. Este enemigo silencioso, el secularismo, va despedazando silenciosamente la conciencia. ¿Qué queda al final?: Una conciencia individualista al margen de la historia y en contra de la profunda propuesta de Jesús de Nazaret de transformar al ser humano y su entorno social y ambiental.

Las campañas evangelisticas desconocen la verdadera pasión del pueblo y la de millones de hondureños, y las procesiones de nuestra Iglesia, si no se le da un contenido de profesión de fe, de compromiso, de solidaridad con el que sufre -el excluido, el que no cuenta- tampoco contribuyen a sanar la conciencia colectiva. El Papa Francisco nos está indicando el camino, ¡ojalá no tardemos mucho tiempo para entenderlo!.

Mientras tanto, continúan los asesinatos indiscriminados, la droga circula libremente, la trata de personas se acrecienta durante la Semana Santa, la corrupción no se detiene, la sequía amenaza a miles de familias en el corredor seco -sin que ese drama sea parte de nuestra agenda nacional- la justicia camina al paso de las tortugas, la policía crea más dudas que confianza y el gobierno ¿dónde está y con quien está?.

Asistimos a un espectáculo de vidas paralelas: una vida religiosa desligada de la realidad, vacacionistas que ignoran las circunstancias problemáticas de la vida y en el centro una sociedad desgarrada. Nos están empujando paulatinamente a una sociedad con valores que no humanizan, que destruyen la dignidad de las personas y que propone un espiritualismo vacío que olvida la realidad de cada día.

Reflexión comunitaria

• ¿Qué están haciendo en su comunidad para vivir los valores de la fraternidad y la solidaridad con quienes sufren?.

Pastoral Social / Cáritas de Honduras

No. 136 / Año 14 / 1 de Abril de 2016

Tegucigalpa, Honduras

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