JA Teline V - шаблон joomla Форекс

El pasado domingo 7 de agosto, en el instituto La Salle, se dieron cita más de 400 jóvenes, laicos, sacerdotes y religiosas, en la Gran Expo Vocacional. Este magno evento dio inicio con la Santa Eucaristía, precedida por monseñor Ángel Garachana. En un ambiente cordial, ameno y creativo se expusieron las diferentes vocaciones religiosas; entre música, danza y mucho color, los chicos compartían y se divertían con las maneras tan peculiares de mostrar las advocaciones.

¡Nadie conoce a Dios, en los pies o vivencias del otro!. Con esta frase acompañaba monseñor Garachana su sermón, enfocado al descubrimiento del servicio personal en cada laico. Señalaba, además, la importancia de reconocer el amor primero de Jesucristo hacía nosotros: “El amor de Dios es el inicio de la vocación, no porque lo amemos a él, sino porque él nos amó primero, amándote te eligió; si en el camino surgen dudas e interrogantes, es porque el amor se hace eficaz en tu vida.”

La pastoral vocacional diocesana se hace presente cada año con este evento para armonizar y dar a conocer las diferentes vocaciones.El Padre Henry Asterio, coordinador de ésta, nos comentó los frutos recibidos de estas expos vocacionales: “Cada año es una nueva oportunidad para que el joven pueda refrescar el llamado del Señor y  descubrir de qué manera Dios les está vocacionando para el servicio”, además, recalcaba la necesidad de apoyar este tipo de actividades para enriquecer nuestra iglesia, porque es justamente en los jóvenes donde se apuesta el futuro de ella.

Esta jornada de vocación estuvo acompañada de diferentes carismas.Este año, se presentaban por primera vez las hermanas religiosas de la orden “Siervas de la misericordia de Dios”, originarias de San Salvador. La hermana María de los Ángeles Chavarríanos contaba sobre su visita a la diócesis y mostraba su interés en pescar vocaciones para su servicio.Apuntaba que “No importa la vocación que elija el joven, debe de importar el amor que en ella pone.Sin embargo, deseo que más de uno se nos una”.

Conforme pasaban las horas y el calornos arropaba, excepcional de la ciudad de los zorzales, los jóvenes se divertían en diferentes actividades en la expo carisma: unos jugaban fútbol, otros bailaban al ritmo de zumba y algunos se integraban a los juegos con las religiosas, todo con el fin de mostrar un matiz vocacional diferente.

Una de las vocaciones con más influencia juvenil fueron los Redentoristas, Allan Euceda, laico comprometido, nos contaba un poco sobre este carisma: “Somos la congregación de misioneros Redentoristas, de la parroquia San Antonio de Padua.Estamos  promoviendo esta vocación misionera con ese toque religioso. Somos un instituto de vida consagrada; varones que promocionamos un carisma misionero, principalmente, con fe robusta, y apostólicos.Fundado por San Alfonso María de Ligorio. Actualmente hay más de seis mil congregados con votos perpetuos.Estamos en los cinco continentes y poseemos más de setecientas parroquias a nivel mundial.En Honduras tenemos tres parroquias: San Antonio de Padua, en San Pedro Sula, la parroquia Nuestra Señora de los dolores, en Tegucigalpa, y en el departamento del Paraíso, la parroquia Perpetuo Socorro.”

Como testimonio de congregaciones que han recibido frutos de estas expos vocacionales, están las hermanas Misioneras Catequistas de San José: “Nuestra fundación nació en 1976, en México, nuestro patrono es el señor San José. El carisma que profesamos es la catequesis, la misión, el trabajo, la alegría y la sencillez. En Honduras, tenemos diecinueve años funcionando, y tres años asistiendo a la gran expo vocacional.Hasta ahora tenemos cuatro vocaciones permanente como fruto de este evento”, compartía la hermana Venicia Ramírez Hernández.

La vocación implica un despertar rotundo y decidido; estar despierto es primordial para descubrir con atención nuestro llamado porque, cuando éste se ha manifestado, es mayor nuestra responsabilidad para mantenernos firmes y fieles al mandato.

Para finalizar, monseñor Ángel Garachana, expresaba unas palabras para nuestros lectores sobre su expectativa ante este evento: “Primero, espero que vengan muchos jóvenes a la expo.Segundo, que experimenten la alegría de escuchar el llamado del Señor.Tercero, que cada uno escuche qué le pide el Señor, cuál es su vocación, cuál es su camino, y conociéndolo, sin miedo, responda para que se entregue a Dios y sirva a sus hermanos”

Cuando se conoce el amor de Dios, debe despertar el deseo del servicio, del amor gratuito, de la fidelidad, pero sobre todo, de la responsabilidad que conlleva conocer nuestro don.

 

Queridos hermanos y hermanas, el próximo 20 de julio (2016) estaré celebrando mi tercer aniversario sacerdotal, y como ya se los he ido comunicando, para esta fecha estaré “al otro lado del charco” viviendo la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que para este año será en la tierra de San Juan Pablo II, en Polonia. He querido dedicar el artículo de esta semana a hacer públicos mis sentimientos al celebrar este acontecimiento en mi “pequeño recorrido sacerdotal”.

Ante todo, siento y considero desde mi “nulidad” de cara a Dios, que esto que se me concede es una gracia inmerecida. Nadie es digno de estar delante de Dios, y menos aún “tenerlo en sus manos”. Sabe Dios cuánto se estremece mi corazón al momento de la Consagración y luego en la elevación eucarística, siento mi nada. Ante mi nada, él es TODO. Tu totalidad de amor invade mi indignidad y me permite permanecer en pie ante tan sublime y majestuoso acontecimiento.

Ante él “mi Dios y mi todo”, como decía santo Tomás de Aquino, medito y quedo extasiado ante un don que se me dio para entregarlo. Esta vocación se concibe en la entrega, en la lucha diaria. El sacerdote continuamente se está entregando. Como decía, el santo Cura de Ars: no se es sacerdote para sí mismo sino para los demás”. La vocación sacerdotal es una vida en salida continuamente. Los grandes momentos de mi vida sacerdotal lo he vivido con y entre ustedes, mis hermanos. Es una necesidad entregarse para quien se ha sentido amado, aceptado, perdonado.

Ante lo sublime de esta vocación y la fidelidad constante de Dios, tomo también conciencia de mis fallos, he llorado cuando he sentido que en algo he fallado; sin embargo, tomo conciencia de esta gran verdad, este tesoro lo llevo en vasijas de barro. Les pido por favor a todos ustedes que me ayuden a cuidar esta “vasija”. Me debo a ustedes y NO quisiera que un día mi vasija resquebrajada deje de darles el agua fresca, limpia y santa de mi santo sacerdocio.

En once (11) meses que tengo de caminar con y entre ustedes, familia guadalupana, he tenido muchas experiencias en la vida ordinaria, vividas de forma extraordinaria. He percibido, he sentido la mano de Dios en todo. Él no me ha dejado sólo. Guardo en mi corazón de pastor tantos regalos espirituales que Dios ha querido darme a través de ustedes. Con ustedes es fácil vivir lo diario de forma extraordinaria. Gracias por su acogida, por su entrega, por su amistad y cercanía.

Estoy aquí con ustedes sin duda alguna por pura misericordia y gracia de Dios. Pero no puedo pasar desapercibido el tremendo regalo de tener a la Madre. Yo me siento en la casa de la Madre y ella es la Reina de esta porción parroquial. Con la venia de la Madre que acoge voy confiado en este mar de experiencia, emociones y sentimientos; sabiendo que ella me susurra una vez más a mi oído: “acaso no estoy yo aquí que soy tu madre”. Santa María de Guadalupe gracias por aceptarme como su huésped en su casa.

El sentirme en casa me hace también pensar que siempre he estado aquí todo me es nuevo y conocido a la vez. Esto es una fusión entre caridad pastoral y espiritualidad. Dios nos conceda la gracia de seguir sirviendo con alegría y amor.

Me encomiendo a sus oraciones, gracias infinitas!!!

Las Misioneras de la Caridad y la Providencia del Instituto Madre María Luisa, de la Colonia Ruiz, de esta ciudad, que ya cumplieron medio siglo de presencia en Honduras, clausuran su 75 Aniversario como Orden Religiosa.

Esta Congregación fue fundada en España por la Madre María Luisa Zancajo de la Mata, una mística religiosa, que nació en la Provincia de Ávila, el 4 de noviembre de 1911.

Funda el 8 de junio de 1941, la primera comunidad, con 5 integrantes, quienes viven en verdadera pobreza, ya que son años de post-guerra. En su humildad, Madre María Luisa, nunca se reconocía como fundadora, porque la obra era del Señor y para ella, también las primeras integrantes eran fundadoras.

La misión educativa, que por expreso deseo del Señor, le fuera encomendada, dio inicio en España, en 1942, con el Colegio María Auxiliadora. Eran tiempos de estrechez económica, pero la Divina Providencia nunca dejó de ampararlas. El colegio se llenó de alumnas, que gozaban del cariño y dedicación de las hermanas. Su vida, tan fructífera, se apagó el 5 de junio de 1954, dejando un maravilloso legado a sus hermanas de Congregación y a toda la humanidad, su admirable entrega en el constante servicio a los demás.

Las Misioneras de la Caridad y la Providencia, llegaron a nuestro país en 1964, para integrarse a la Escuela de Educación para el Hogar, que varias damas caritativas de San Pedro Sula, establecieron por esa época, con el apoyo de los padres Paulinos. Las nuevas misioneras, pronto consideraron abrir un comedor infantil, así como la escuela, lo que vino a subsanar muchas carencias. Pasado un tiempo, las Misioneras, con muchísimos esfuerzos y no pocos sacrificios, decidieron comprar el terreno en el cual se encuentra, actualmente, el convento y el plantel educativo.

Sin embargo, no fue hasta 1992, que la Congregación toma la iniciativa de comenzar una propia obra.
Sor Gladys Lagos es la Superiora de la Congregación, y actual Directora del Instituto Madre María Luisa, un centro educativo con casi 400 alumnos.

Ella comenta que para culminar la celebración de las Bodas de Diamante de la Orden, se han planeado muchas actividades, en las cuales toma parte el alumnado, con pensamientos y obras alusivas a la vida de Madre María Luisa. Al referirse a su Fundadora, agrega: “Ella amaba tanto a la Virgen, seguimos en el mes de mayo bien fuertemente haciendo y clausurando el Mes de María, porque justo viene el día de la fundación, que es el 8 de junio y por eso quisimos que el 3 de junio fuera la clausura de los 75 años.”

“Clausuramos con una Eucaristía presidida por Mons. Ángel Garachana, a las diez de la mañana, allí en el Centro Instituto Madre María Luisa. Les invitamos. También estamos invitando a muchas que nos conozcan, estamos en la Colonia Ruiz, contiguo a Leche Leyde, si alguna tiene inquietud para ser Misionera de la Caridad y la Providencia, aquí la esperamos“culminó.

En la búsqueda de animar a los promotores  vocacionales para la realización de su servicio, en la acción pastoral en su parroquia y motivar a los miembros de las Comisiones parroquiales para que continúen fortaleciendo las comisiones existentes y que se organice en todas las parroquias de la diócesis las comisiones de Pastoral Vocacional.

El domingo diez de abril se llevó el Primer Encuentro de Promotores Vocacionales  de este año, en el que se contó con  la presencia de 21 parroquias, y la participación  de 108 promotores y  4 religiosas, dirigido por el padre Henry Asterio Rodriguez, encargado de Pastoral Vocacional.

En las instalaciones del Seminario Menor Santiago Apóstol, se realizó la reunión diocesana de las comisiones parroquiales de Pastoral Vocacional, que se realizan cada dos meses, se llevó a cabo el pasado fin de semana, donde se dieron cita  los representantes de cada parroquia,  que son más o menos tres o cuatro miembros agentes de Pastoral.

El propósito estas reuniones es evaluar el camino de la pastoral y ponerse al día en lo que hace falta,  y  también para perfilar las necesidades que han surgido a lo largo del trabajo pastoral, en esta ocasión  la reunión se centró en la preparación de la Expo Vocacional,  qué se  estará realizando el  próximo 7 de agosto.

“Es  una reunión de revisión, una reunión de control para ir supervisando, de autoevaluación” comentó el padre Henry Asterio Rodríguez, encargado de Pastoral Vocacional.

El jueves 19 de mayo, en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa se llevó a cabo el Gran Día Cultural de la Diócesis de San Pedro Sula, que tenía por nombre “San Pedro Sula, don de la Misericordia de Dios”, al que asistieron Monseñor Ángel Garachana, obispo de la Diócesis de San Pedro Sula, y miembros del clero sampedrano. El propósito de este día es dar a conocer la cultura de la costa norte de Honduras por parte de los seminaristas de San Pedro Sula.

Contando con un amplio programa de diversas actividades: 

6:15 a.m. Rezo de Laudes presididas por el Diácono Ángel Rolando Flores, transmitida por Radio Luz "La voz que te ilumina"

7:00 a.m. Desayuno Típico de la Costa "Baleadas"

10:30 a.m. Merienda Típica 

12:30 Almuerzo "pescado Frito"

1:30 p.m. Partido entre Selecciòn Clerus y Selección de Seminaristas Mayores... junto al partido se desarrollarà en VIvo el programa: Conectados a Cristo

3:30 p.m. Merienda

5:00 p.m. Eucaristía presidida por Mons. Ángel Garachana, concelebrada por los sacerdotes de SPS y Comunidad Seminario Mayor y transmitida en Vivo por Radio Luz y Suyapa Tv (Misa con ritual Garifuna)

7:00 p.m. Cena "Pollo frito con tajadas"

8:00 p.m. - 10:00 p.m. Noche cultural 

 

Y contando también con la presencia de invitados para la noche cultural: Cantante profesional: Kike Rosa, Ballet Garìfuna y Danza Folklorica.

Queridos hermanos y hermanas: Cómo desearía que, a lo largo del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, todos los bautizados pudieran experimentar el gozo de pertenecer a la Iglesia. Ojalá puedan redescubrir que la vocación cristiana, así como las vocaciones particulares, nacen en el seno del Pueblo de Dios y son dones de la divina misericordia. La Iglesia es la casa de la misericordia y la «tierra» donde la vocación germina, crece y da fruto.

Por eso, invito a todos los fieles, con ocasión de esta 53ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, a contemplar la comunidad apostólica y a agradecer la mediación de la comunidad en su propio camino vocacional. En la Bula de convocatoria del Jubileo Extraordinario de la Misericordia recordaba las palabras de san Beda el Venerable referentes a la vocación de san Mateo: misereando atque eligendo (Misericordiae vultus, 8). La acción misericordiosa del Señor perdona nuestros pecados y nos abre a la vida nueva que se concreta en la llamada al seguimiento y a la misión. Toda vocación en la Iglesia tiene su origen en la mirada compasiva de Jesús. Conversión y vocación son como las dos caras de una sola moneda y se implican mutuamente a lo largo de la vida del discípulo misionero.

El beato Pablo VI, en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, describió los pasos del proceso evangelizador. Uno de ellos es la adhesión a la comunidad cristiana (cf. n. 23), esa comunidad de la cual el discípulo del Señor ha recibido el testimonio de la fe y el anuncio explícito de la misericordia del Señor. Esta incorporación comunitaria incluye toda la riqueza de la vida eclesial, especialmente los Sacramentos. La Iglesia no es sólo el lugar donde se cree, sino también verdadero objeto de nuestra fe; por eso decimos en el Credo: «Creo en la Iglesia».

La llamada de Dios se realiza por medio de la mediación comunitaria. Dios nos llama a pertenecer a la Iglesia y, después de madurar en su seno, nos concede una vocación específica. El camino vocacional se hace al lado de otros hermanos y hermanas que el Señor nos regala: es una con-vocación. El dinamismo eclesial de la vocación es un antídoto contra el veneno de la indiferencia y el individualismo. Establece esa comunión en la cual la indiferencia ha sido vencida por el amor, porque nos exige salir de nosotros mismos, poniendo nuestra vida al servicio del designio de Dios y asumiendo la situación histórica de su pueblo santo.

En esta jornada, dedicada a la oración por las vocaciones, deseo invitar a todos los fieles a asumir su responsabilidad en el cuidado y el discernimiento vocacional. Cuando los apóstoles buscaban uno que ocupase el puesto de Judas Iscariote, san Pedro convocó a ciento veinte hermanos (Hch. 1,15); para elegir a los Siete, convocaron el pleno de los discípulos (Hch. 6,2). San Pablo da a Tito criterios específicos para seleccionar a los presbíteros (Tt 1,5-9). También hoy la comunidad cristiana está siempre presente en el surgimiento, formación y perseverancia de las vocaciones (cfr. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 107).

La vocación nace en la Iglesia. Desde el nacimiento de una vocación es necesario un adecuado «sentido» de Iglesia. Nadie es llamado exclusivamente para una región, ni para un grupo o movimiento eclesial, sino al servicio de la Iglesia y del mundo. Un signo claro de la autenticidad de un carisma es su eclesialidad, su capacidad para integrarse armónicamente en la vida del santo Pueblo fiel de Dios para el bien de todos (ibíd., 130). Respondiendo a la llamada de Dios, el joven ve cómo se amplía el horizonte eclesial, puede considerar los diferentes carismas y vocaciones y alcanzar así un discernimiento más objetivo. La comunidad se convierte de este modo en el hogar y la familia en la que nace la vocación. El candidato contempla agradecido esta mediación comunitaria como un elemento irrenunciable para su futuro. Aprende a conocer y a amar a otros hermanos y hermanas que recorren diversos caminos; y estos vínculos fortalecen en todos la comunión.

La vocación crece en la Iglesia. Durante el proceso formativo, los candidatos a las distintas vocaciones necesitan conocer mejor la comunidad eclesial, superando las percepciones limitadas que todos tenemos al principio. Para ello, es oportuno realizar experiencias apostólicas junto a otros miembros de la comunidad, por ejemplo: comunicar el mensaje evangélico junto a un buen catequista; experimentar la evangelización de las periferias con una comunidad religiosa; descubrir y apreciar el tesoro de la contemplación compartiendo la vida de clausura; conocer mejor la misión ad gentes por el contacto con los misioneros; profundizar en la experiencia de la pastoral en la parroquia y en la diócesis con los sacerdotes diocesanos. Para quienes ya están en formación, la comunidad cristiana permanece siempre como el ámbito educativo fundamental, ante la cual experimentan gratitud.

La vocación está sostenida por la Iglesia. Después del compromiso definitivo, el camino vocacional en la Iglesia no termina, continúa en la disponibilidad para el servicio, en la perseverancia y en la formación permanente. Quien ha consagrado su vida al Señor está dispuesto a servir a la Iglesia donde esta le necesite. La misión de Pablo y Bernabé es un ejemplo de esta disponibilidad eclesial. Enviados por el Espíritu Santo desde la comunidad de Antioquía a una misión (Hch 13,1-4), volvieron a la comunidad y compartieron lo que el Señor había realizado por medio de ellos (Hch 14,27). Los misioneros están acompañados y sostenidos por la comunidad cristiana, que continúa siendo para ellos un referente vital, como la patria visible que da seguridad a quienes peregrinan hacia la vida eterna.

Entre los agentes pastorales tienen una importancia especial los sacerdotes. A través de su ministerio se hace presente la palabra de Jesús que ha declarado: Yo soy la puerta de las ovejas… Yo soy el buen pastor (Jn 10, 7.11). El cuidado pastoral de las vocaciones es una parte fundamental de su ministerio pastoral. Los sacerdotes acompañan a quienes están en buscan de la propia vocación y a los que ya han entregado su vida al servicio de Dios y de la comunidad.

Todos los fieles están llamados a tomar conciencia del dinamismo eclesial de la vocación, para que las comunidades de fe lleguen a ser, a ejemplo de la Virgen María, seno materno que acoge el don del Espíritu Santo (cf Lc 1,35-38). La maternidad de la Iglesia se expresa a través de la oración perseverante por las vocaciones, de su acción educativa y del acompañamiento que brinda a quienes perciben la llamada de Dios. También lo hace a través de una cuidadosa selección de los candidatos al ministerio ordenado y a la vida consagrada. Finalmente es madre de las vocaciones al sostener continuamente a aquellos que han consagrado su vida al servicio de los demás.

Pidamos al Señor que conceda a quienes han emprendido un camino vocacional una profunda adhesión a la Iglesia; y que el Espíritu Santo refuerce en los Pastores y en todos los fieles la comunión eclesial, el discernimiento y la paternidad y maternidad espirituales:

Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu, concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización. Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes una adecuada catequesis vocacional y caminos de especial consagración. Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones de modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso. Que María, Madre y educadora de Jesús, interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo, sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios.

Vaticano, 29 de noviembre de 2015

Primer Domingo de Adviento

Franciscus

More Articles ...