Conferencia Episcopal de Honduras

Los Laureles, Comayagüela, M.D.C. Honduras, C.A.

A LA COMUNIDAD NACIONAL

En esta hora difícil de la historia social y política de nuestro País, queremos decirles que no tenemos derecho a fracasar una vez más en la construcción del Estado de Honduras y de su democracia.

Por esta razón, consideramos urgente y prioritario para la vida del País:

1.- Recuperar la institucionalidad del Tribunal Supremo Electoral, en base a la legitimidad y transparencia de sus acciones en este proceso electoral, procediendo de forma inmediata a la investigación especial de actas que sean solicitadas por los partidos Nacional y la Alianza contra la Dictadura. Que el Tribunal Supremo Electoral realice este escrutinio especial de actas, parcial o total, bajo la vigilancia estricta de los observadores de la Comunidad Económica Europea (EU), la Organización de Estados Americanos (OEA), del Grupo de Países Cooperantes (G-16), así como de los representantes de los dos partidos políticos antes mencionados, a fin de garantizar la transparencia del proceso. El conteo o escrutinio especial de las actas, cualquiera sea el número, debe estar acompañado del compromiso de parte de los dirigentes políticos y candidatos a la presidencia, de aceptar el resultado con sensatez y responsabilidad, pensando en el bien común de la población.

2.- Mantener actitudes de respeto, convivencia y diálogo entre los miembros de la comunidad y superar toda forma de violencia. Por eso pedimos a los dirigentes del Partido Nacional y la Alianza contra la Dictadura, que durante el tiempo que dure toda la verificación de los datos, con el escrutinio especial de actas, y posteriormente a la declaración del resultado, orienten a sus bases para que asuman una postura de respeto, de madurez ciudadana, de promoción de la paz y la convivencia pacífica. Los partidos políticos deben abogar para que la ciudadanía goce del libre ejercicio de sus derechos. El Estado debe garantizar las manifestaciones pacíficas, como derecho humano, y la protección de todos los derechos de todas las personas, incluido el respeto a la propiedad privada y la seguridad de sus bienes. Todos los ciudadanos debemos volver a la vida normal.

3.- Renovar la esperanza de que esta crisis sea ocasión para que Honduras se afiance como Estado de Derecho, se fortalezca con la ley sus instituciones, avance en la lucha contra la impunidad, la corrupción y la pobreza. Todos los sectores sociales, políticos, académicos y religiosos comprometámonos a impulsar un diálogo franco, eficaz y creativo a corto plazo, que permita alcanzar acuerdos mínimos de gobernabilidad y gobernanza, restauración de la paz y la convivencia ciudadana en nuestra Honduras.

4. Pedir fervientemente al Señor que dé sabiduría a nuestros dirigentes para gobernar, les dé justicia para actuar correctamente y practicar el bien, y a todos los ciudadanos nos conceda rectitud de corazón y auténtico amor a la Patria.

03 de Diciembre de 2017.

Conferencia Episcopal de Honduras

MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS CON MOTIVO DE LAS ELECCIONES GENERALES DEL 26 DE NOVIEMBRE DE 2017
“ELECCIONES 2017: LA OPORTUNIDAD DE PREPARAR UN MEJOR FUTURO PARA HONDURAS”

En nuestra Asamblea Ordinaria, celebrada entre los días 09 a 13 del presente mes de octubre, hemos reflexionado acerca del derecho que tenemos en Honduras de un futuro mejor y digno de respeto. Porque existe el peligro de que se nos escape este futuro si la política sigue siendo lo que ha sido en las últimas décadas y la postura de la mayoría de la población sigue siendo la falta de participación y de compromiso. Compartimos nuestras consideraciones con quienes deseen conocerlas.

1° REHABILITAR LA POLÍTICA
Significa “volver a tener” una vida política de la que toda la población, y no solo los partidos políticos, pueda ser parte activa y desde la cual podamos trabajar el presente para asegurar un mejor futuro. El Papa Francisco lo expresa así: “El futuro exige la tarea de rehabilitar la política que es una de las formas más altas de la caridad, y una visión humanista de la economía. Una política que evite el elitismo y erradique la pobreza, que asegure dignidad y solidaridad”, (Papa Francisco a los jóvenes en Brasil).
Para esta tarea no bastan los políticos. Se necesita a toda la ciudadanía que, dejando de lado el miedo y la desconfianza, tome conciencia de las ventajas que tiene exigir una política ejercida al servicio del bien común, en respeto a los valores
morales y libre de corrupción.

2° REHABILITAR LA DEMOCRACIA
Es imprescindible volver a citar el número 46 de la Carta Encíclica “Centesimus Annus” de San Juan Pablo II: “La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones
políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica”. Los escenarios actuales en Honduras ponen en entredicho las condiciones de
autenticidad y de claridad que debe garantizar, en los mecanismos de participación política, todo sistema democrático.
De cara al ejercicio del sufragio, la primera condición es la libertad; esto supone no sufrir coacciones ni presiones o chantajes y tener suficientes elementos e información para discernir las condiciones de honradez, legalidad y legitimidad, o
de la falta de ellas, en cada uno de los candidatos. De ello depende la condición de autenticidad que debe caracterizar a todo proceso electoral. En consecuencia, consideramos necesario un esfuerzo de toda la ciudadanía para informarse
ampliamente de las posibilidades que tanto los candidatos como los partidos o grupos políticos que representan pueden ofrecer a la hora de rehabilitar la tan quebrantada democracia en la que vivimos. Y aunque sea repetir lo que
tantas veces hemos expresado, pedimos que se elija, en conciencia, a quienes puedan devolvernos la dignidad y la solidaridad propias de un país que ama la vida, que ama la paz y reclama justicia cada día.

3° REHABILITAR EL DERECHO
Un principio fundamental del Estado de Derecho es la separación e independencia de los poderes: legislativo, judicial y ejecutivo. El irrespeto a este principio es causa de desorden jurídico y, en consecuencia, social. Prueba de
ello han sido las violaciones a la actual Constitución y las actuaciones de falsa legalidad que se han dado en los últimos años.
Y no sólo es necesario rehabilitar el Derecho que garantiza el orden jurídico y social en la convivencia de la ciudadanía en el seno de nuestra patria, sino que es urgente hacerlo porque de ello también depende que Honduras contribuya
al orden internacional y sea respetada por las demás naciones. Sin ese respeto a los principios que inspiran la ordenación jurídica del Estado, no se garantiza la estabilidad de las relaciones internacionales.
Por eso es necesario saber elegir a aquellos candidatos y candidatas que garanticen un ejercicio del poder político desde la capacidad profesional y la honradez personal que les permita estar al servicio y en la defensa del Estado de
Derecho.

4° REHABILITAR LA ESPERANZA
La esperanza no es un cruzarnos de brazos pensando que otros harán lo que haga falta para salvarnos. No es cerrar los ojos a la realidad. No es ilusionarnos con estadísticas de avances macroeconómicos, cuando sigue creciendo la
pobreza. No es alimentarse con mentiras políticas.
La esperanza es fe en el futuro mejor que, con la ayuda de Dios, podemos ir construyendo. Es acción a la que nos lleva el deseo de una Honduras gobernada por quienes aman de verdad esta patria nuestra y están dispuestos a servirla
y no a servirse de ella para su propio provecho. La esperanza nos vuelve exigentes para con los que están llamados a trabajar por la justicia social y la jurídica; para con los que han hecho juramento de servir la Constitución sin violarla
cuando les conviene.
Y es desde nuestra esperanza cristiana y hondureña que hacemos nuestras las palabras de la Primera Carta a Timoteo:
“Ante todo recomiendo que se ofrezcan súplicas, peticiones, intercesiones y acciones de gracias por todas las personas, especialmente por los soberanos y autoridades, para que podamos vivir tranquilos y serenos con toda
piedad y dignidad”, (1 Tim 2, 1-2).
Hoy sigue teniendo validez para nosotros, como creyentes, el sentido de esta Palabra inspirada. Pidamos al Señor, que quienes vayan a gobernar por los siguientes cuatro años en Honduras sean capaces de amar de verdad al pueblo
que los ha elegido. Y que fruto de esta rehabilitación urgente de nuestra vida política y de nuestra democracia, el futuro que preparemos entre todos sea, como afirma el Papa Francisco, el de una sociedad digna y solidaria.
Esperamos un futuro mejor para Honduras, con un gobierno que tenga programas eficaces para construir un país en donde, con palabras del Papa Francisco, no exista “ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún
trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez”, (Encuentro del Papa con los Movimientos
populares. Vaticano, 28 de octubre de 2014).

Se lo pedimos también a Nuestra Madre invocada como Virgen de Suyapa, Patrona de Honduras.

Tegucigalpa. 12 de octubre de 2017.
Los Laureles, Comayagüela, M.D.C. Honduras C.A.

Siempre he anhelado, desde mi ordenación sacerdotal, servir en la renovación de la armonía perdida, el desorden emocional y mental que padecen miles y miles de personas. Para eso he dedicado tantos años y esfuerzos en múltiples tareas. He trabajado en ese tema incansablemente. Y he servido a jóvenes, adultos, y ancianos.

Además de servir a tanta gente en muchos países y usando todos los medios de comunicación posibles, he dedicado cientos de horas a sacerdotes en doce (12) países, en 38 diócesis y a seminaristas en algunos Seminarios Mayores.

Me he metido a fondo en la vida de las cárceles en Costa Rica, Panamá y Honduras justamente buscando esa rehabilitación y conversión. Donde quiera me hayan pedido he ido a predicar sin pedir nada a cambio.

Creo llegó el momento de hacer un alto en el camino, reorganizar mi trabajo y en esta última etapa de mi vida productiva pastoral, con 28 años de servicio episcopal y casi 40 años de sacerdocio, buscar la manera de servir mejor. Para eso renuncio a mi servicio como obispo auxiliar de San Pedro Sula, me dedico a una renovación profunda espiritual y humana para dar lo mejor de sí en esta última etapa pastoral de mi vida y reorganizaré toda mi actividad desde la comunión plena con la Santa Sede y lo que el Señor me pida.

 

Dado en San Pedro Sula el día 20 de marzo del 2017 Mons. Rómulo Emiliani

La Conferencia Episcopal Hondureña, CEH, ha dado ha conocer este comunicado:

“Defender y promover, respetar y amar la vida es una tarea que Dios confía a cada hombre”,

(Encíclica del Papa Juan Pablo II Evangelium Vitae, n. 42)

Queridos Hermanos, La Iglesia Católica que peregrina en Honduras aclara e instruye sobre la verdadera formación que se debe proporcionar a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes sobre la educación en la sexualidad.

En días pasados se hizo público en nuestro País la información de que “Ocho Departamentos tendrán guías sexuales en las aulas este año”, basándose en “los textos de formación integral de la familia”, mismos que pasarán a ser “parte del Currículo Nacional Básico”.

En primer lugar, es necesario subrayar que estamos partiendo de una preocupación común, ya que el incremento de los embarazos entre mujeres jóvenes, particularmente entre las adolescentes, es una realidad que nos compromete y nos exige a todos, comenzando con los padres de familia.

Sin embargo, tan importante es que compartamos la misma preocupación e interés, como que sigamos los mismos métodos y procuremos alcanzar el mismo fin. La intención y el deseo de evitar los embarazos entre las adolescentes no nos autoriza ni nos legitima a conseguirlo a costa de cualquier método: recordemos que el fin no justifica los medios.

Se ha publicado, asimismo, en los medios nacionales que “las autoridades de la Secretaría de Educación tuvieron que consensuar con representantes de las iglesias…”. Ante tal situación, queremos puntualizar que la Iglesia Católica no solamente ha estado ausente de supuestas reuniones o encuentros, sino que en ningún momento ha hecho manifiesto algún tipo de “consenso” al respecto.

En una situación similar, la Secretaría General de la Conferencia Episcopal de Honduras, en el Comunicado “La Vida Humana es un don de Dios, ¡Defendámosla Juntos!”, del 07 de noviembre de 2016, había ya denunciado el uso arbitrario e irresponsable del nombre de “Iglesia Católica”:

"Por esta razón, REPROBAMOS el que se haya incluido arbitrariamente el logo de “Iglesia Católica de Honduras” en la contraportada de este Plan Multisectorial, a la par de otras Instituciones, como dando por hecho un tipo de aprobación de nuestra parte al contenido de dicho Plan, cuando en realidad sólo se tuvo participación en algunas sesiones, en las cuales se expuso clara y abiertamente nuestro desacuerdo a tales propuestas, por ir en contra de la dignidad de la persona humana y en franca oposición a la Doctrina de la Iglesia Católica".

Lamentamos vivamente que estos eventos se estén presentando reiteradamente. Nuestros Obispos, como padres y pastores del pueblo de Dios, en las diez Diócesis que forman la Provincia Eclesiástica de Honduras, en diferentes momentos y circunstancias han enseñado y transmitido, con firme determinación, la Doctrina de la Iglesia Católica sobre la vida humana, la sexualidad, el matrimonio y la familia.

Cuando se tratan los temas relacionados a la educación sexual, inmediatamente nos encontramos con una primera dificultad: descubrir el mal uso que se le da al término “educación sexual”. Para muchos grupos y organizaciones, enseñar educación sexual significa darle a la juventud, o en nuestro caso a los adolescentes, una información sexual explícita y desprovista de valores morales, con un lenguaje y una metodología que no respetan la modestia natural de los niños ni la autoridad de sus padres. A esta educación sexual bien podríamos llamarla “educación sexual hedonista”, para distinguirla de una positiva y prudente educación sexual, que los padres, en el momento oportuno, deben darle a sus hijos.

El Papa Juan Pablo II declaró, una y otra vez, que una educación sexual desprovista de valores morales manipula y envilece a las personas.

Esto significa que, para quienes respetamos la vida humana y la familia, enseñar educación sexual significa formar en los valores inherentes a la sexualidad humana, que son la transmisión de la vida y la expresión del amor conyugal, cuyo objetivo es ayudar a los jóvenes para que respeten dichos valores por medio de la virtud de la castidad.

Entre las múltiples dificultades que los padres de familia encuentran hoy, aun teniendo en cuenta los diversos contextos culturales y sociales, se encuentra ciertamente la dificultad de ofrecer a los hijos una adecuada preparación para la vida adulta, en particular respecto a LA EDUCACIÓN SOBRE EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA SEXUALIDAD, QUE NO SE LIMITA EN ABSOLUTO A UNA DIMENSIÓN MERAMENTE GENITAL. La sexualidad es mucho más amplia y rica de sentido, ya que la sexualidad humana comprende la totalidad de la persona humana, su dimensión biológica, física, espiritual, psicológica, personal e interpersonal.

De modo que, en una relación sexual, no sólo se experimenta un “ejercicio” o “práctica” del aspecto físico–carnal entre un hombre y una mujer. Más bien, se da entre ellos una verdadera entrega, total y plena. Por ello, las relaciones sexuales no son únicamente buenas, sino que son sagradas: CADA UNO DE NOSOTROS HEMOS NACIDO DE LA UNIÓN ENTRE DOS PERSONAS QUE SE AMABAN PROFUNDAMENTE; es decir, hemos sido el fruto de un amor verdadero, del amor que se tienen nuestra mamá y nuestro papá.

Ésta es una de las razones principales por las que la Iglesia prohíbe las relaciones sexuales fuera del matrimonio, PORQUE ÚNICAMENTE EL MATRIMONIO OFRECE AL HOMBRE Y A LA MUJER LAS CONDICIONES NECESARIAS PARA QUE DICHA ENTREGA SEA PLENA Y TOTAL.

La Iglesia, como Madre y Maestra, a través del Consejo Pontificio para la Familia, nos enseña que “el uso de la sexualidad como donación física tiene su verdad, y alcanza su pleno significado, cuando es expresión de la donación personal del hombre y de la mujer hasta la muerte”.

Esto revela una gran verdad: la sexualidad humana es un Bien, es parte del don que Dios vio que “era muy bueno”, cuando creó a la persona humana a su imagen y semejanza, y “hombre y mujer los creó” (Gén. 1, 27). La relación entre un hombre y una mujer es esencialmente una relación de amor. Y la sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdadera calidad humana: la sexualidad tiene como fin intrínseco el amor; más precisamente, el amor como donación y acogida, como dar y recibir.

Es nuestro deseo que todos los Programas de educación, especialmente de la educación sexual, orientados a los niños y a los jóvenes, que son el futuro real y verdadero de nuestra querida Honduras, tengan en cuenta que el verdadero amor entre un hombre y una mujer se actúa en el matrimonio, ya que el don de sí mismo expresa, a través del cuerpo, la complementariedad y la totalidad del don. El amor conyugal llega a ser, entonces, una fuerza que enriquece y hace crecer y madurar a las personas. Pedimos a nuestras autoridades un mayor compromiso en formar y preparar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes para la vida adulta, haciéndolos capaces de asumir con seriedad y responsabilidad el camino y el progreso de esta gran Nación.

De esta manera, superaremos juntos la cultura de las “cosas” y privilegiaremos la cultura de las “personas”, evitando caer en una cultura superficial y hedonista, que llevaría irremediablemente a ver a la mujer como un objeto para el hombre, o viceversa; o bien, más triste aún, a ver a los hijos como un obstáculo para los padres.

Construyamos juntos lo que nuestros niños, adolescentes y jóvenes necesitan verdaderamente: descubrir y conocer cuánto valen para Dios y cuánto valen para nosotros, sus padres, sus educadores y guías en su formación integral.

Dios nuestro Padre bendiga abundantemente a nuestras Familias, de manera especial a cada uno de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, así como a sus formadores y educadores.

CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

SECRETARÍA GENERAL

Tegucigalpa, M.D.C., 23 de Enero de 2017.

 

Imagen tomada de http://www.radiohrn.hn/

Reunidos los Obispos de la Conferencia Episcopal de Honduras, en nuestra segunda Asamblea del año 2017, queremos, por medio de este Mensaje, llegar a todas las personas de buena voluntad y, en especial, a todas las familias de nuestro querido país.

Nuestra reflexión se ha centrado en lo que la Iglesia considera la institución fundamental más antigua de la humanidad: la Familia.

El tema que centra la pastoral de la Iglesia de Honduras para este año 2017 es: “Familia, Casa y Escuela del Amor”.

Porque creemos en el amor y en la familia, estamos elaborando una carta pastoral dirigida a todas las familias y, como parte de ese proceso está programado el II Congreso sobre la familia, a celebrarse en el próximo mes de julio con el fin de impulsar una Pastoral Familiar “intensa y vigorosa”, como pide el Documento de Aparecida, “para proclamar el evangelio de la familia, promover la cultura de la vida, y trabajar para que los derechos de las familias sean reconocidos y respetados”, (DA 435).

Desde cada una de las diez Diócesis que actualmente conforman la Provincia Eclesiástica de Honduras, hemos compartido un informe sobre la situación real de la familia y sus problemas, llevándonos a considerar la urgente necesidad de hacer una opción preferencial en favor de la familia que es, consecuentemente, opción por construir una sociedad basada en relaciones de respeto, amor y promoción de la vida humana.

Partimos de nuestro convencimiento de que cada persona lleva en sí la imagen de Dios, su Creador, expresada en su propia dignidad humana. Porque estamos convencidos que la familia, célula vital de la sociedad, es cuna y santuario de la vida; por eso, es necesario dedicar, junto a la familia, especial atención a los niños, adolescentes y jóvenes, ya que representan la mayoría de la población en Honduras. La falta de atención hacia ellos los convierte en fácil presa y víctima de toda clase de problemas personales y sociales.

Por eso también, optamos por la Pastoral Juvenil para que, acompañando a los jóvenes, les ayude a encontrar sentido a su vida, a alcanzar metas que tengan valor, a lograr que se cumplan sus sueños y anhelos. Consciente de esa urgente tarea, la Pastoral Juvenil de la Iglesia Católica realiza cada año la Jornada Nacional de la Juventud, animando a los jóvenes a incorporar a sus vidas los valores y cualidades, tanto humanas como cristianas, y a descubrir su propia vocación.

Dedicando el mes de junio a la juventud, queremos dirigirles un mensaje de esperanza que les permita buscar los mejores caminos y opciones para sus vidas.

Así, la Jornada Nacional de la Juventud que se celebró recientemente en Santa Rosa de Copán, los días 10 y 11 del presente mes, propuso a los jóvenes el siguiente lema: “Con mi familia soy joven, portador del amor de Dios”. Ésta es verdaderamente una Buena Noticia, no una simple afirmación banal.

Queridos jóvenes: la Iglesia no les ofrece el oro y la plata que deslumbra a la sociedad; la Iglesia les ofrece una persona: JESUCRISTO, que quiere transformar su corazón. Abran su corazón a su llamada para ser sus discípulos. Ustedes, los bautizados y confirmados, han recibido mucho del Señor, de la Iglesia y de su familia; por eso, les invitamos a ser portadores del amor de Dios en su familia y con ella. También les invitamos a formar parte de la Pastoral Juvenil de su propia parroquia y a salir a la calle, tal como les pide el Papa Francisco, para rescatar a otros jóvenes que andan hundidos en una vida sin sentido. La Iglesia, jóvenes, los necesita, y por eso haremos que estén representados en el próximo Sínodo de Obispos, que se realizará en la Ciudad de Roma en el año 2018, y tendrá como tema: “Juventud, fe y discernimiento vocacional”.

Por otro lado, nos parece muy necesario que el Estado dedique más personal a la prevención del crimen y a contrarrestar la delincuencia. Creemos que la formación integral de los jóvenes es el mejor camino para prevenir la violencia familiar y social en que vivimos. La inversión en educación es la clave para cambiar el rumbo de la historia en Honduras. Es también urgente que los empresarios abran fuentes de trabajo para los jóvenes, de manera que contribuyan a que crezca su autoestima, abandonen muchos de ellos la idea de emigrar y puedan llevar una vida digna.

Creemos que la reducción de la edad punible no aporta soluciones a la problemática de la inseguridad en que vivimos. Además de ir en contra de los Tratados Internacionales que ha suscrito Honduras, esta medida expondría a los menores a aprender de los adultos privados de libertad a hundirse más en el crimen, siendo que no se les ofrecen verdaderos programas de rehabilitación y reinserción social. Creemos en el potencial de nuestros jóvenes, y, como adultos, queremos escucharlos, acompañarlos y orientarlos, dándoles un testimonio de coherencia entre la fe y la vida.

Los miembros de la Conferencia Episcopal de Honduras hemos redistribuido algunas de las responsabilidades pastorales que compartimos. De este modo, Mons. Ángel Garachana será el encargado de la Pastoral Penitenciaria. Mons. José Antonio Canales Motiño asumirá la Pastoral de la Salud y la Pastoral Juvenil; será, además, vocal de la Comisión Mixta Obispos–Religiosos. Por su parte, Mons. Darwin Andino Ramírez será responsable de la Pastoral de los Laicos en Movimientos. Mons. David García asumirá la Pastoral de los Medios de Comunicación Social, de la Comisión Nacional del Clero y de la relación de la Conferencia Episcopal con el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa. Las demás responsabilidades permanecen tal como están desde el año pasado.

Imploramos para nuestras familias y nuestros jóvenes la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y la maternal protección de Nuestra Señora de Suyapa.

 

Ciudad de Tegucigalpa. 12 de Junio de 2017.

Conferencia Episcopal de Honduras

1.- Nos dirigimos a ustedes, hermanos y hermanas, unidos por la fe en el Señor Jesús, sintiéndonos responsables, como Pastores, de acompañarlos y orientarlos en su caminar cristiano. Respetando las diferentes opiniones que se dan en el campo político, queremos ofrecerles un mensaje que sea fuente de comunión e invite a la paz, a la fidelidad al Señor y a su Evangelio, construyendo el Reino del Padre que Jesús inició.

2. Deseamos que este mensaje sea leído y meditado por todos los católicos, particularmente por quienes participan en la vida política pública y aspiran a cargos de elección popular. A éstos les pedimos que renueven su fidelidad al Señor Jesús y recuerden las sabias palabras del Papa Benedicto XVI: “Los políticos cristianos necesitan contar con la ayuda de la Iglesia. Aquí se trata, en particular, de la ayuda a tomar conciencia de su identidad cristiana y de los valores morales universales que se fundan en la naturaleza del hombre, a fin de que se comprometan, con una conciencia recta, a promoverlos en los ordenamientos civiles, con vistas a la edificación de una convivencia que respete al hombre en todas sus dimensiones”, (Discurso a los Obispos polacos en Visita “Ad Limina”, 17 diciembre 2005).

3.- En pocos días realizaremos elecciones internas en un ambiente social con importantes desafíos: las amenazas que suponen la creciente violencia, la corrupción y la impunidad, la desconfianza de la población hacia ciertas instituciones públicas; así como la necesidad de acceso a la vivienda, al trabajo, a la salud y la seguridad alimentaria. Este panorama sombrío nos obliga a modificar nuestra pregunta: no es, ante todo, “¿a quién voy a elegir?”, sino más bien “¿por qué voy a participar en las elecciones?”.

4.- Les animamos para que la decisión tomada en el proceso electoral se guíe por los principios que son fundamentales en toda convivencia democrática, y que brevemente comentamos:

 

5.- La primera consideración se refiere a la libertad, cualidad inherente a nuestra dignidad humana y elemento sustancial en una democracia participativa. La decisión de a quién elegir debe ser totalmente libre; no cabe aceptar coacción de ningún tipo: ni de ideas, ni de propaganda vacía y engañosa, ni de compra y venta de votos, o presiones de cualquier naturaleza. Nuestro voto no tiene precio. Esto es coherente con la libertad de los hijos de Dios que poseemos como don suyo: “Cristo nos ha liberado para ser libres”, (Gál. 5, 1).

6.- Una segunda consideración es el convencimiento y la firme decisión de que elegimos para caminar hacia un país con equidad en las relaciones sociales, con derechos reconocidos para que todos vivamos con dignidad. Pero también queremos construir un país donde la justicia, vinculada a lo moral y a lo legal, sea una realidad que incluya por igual la vida de todos los ciudadanos.

7.- Una tercera consideración se refiere a la aspiración común del pueblo a tener certeza sobre la transparencia en la conducta del candidato y del partido; la veracidad de sus propuestas será medida por la factibilidad de sus proyectos y la credibilidad de sus obras. Se debe ir desenmascarando la corrupción, la demagogia, el populismo y la manipulación, que son variantes de la mentira, porque el árbol bueno se conoce por sus frutos (Cfr. Mt. 12, 33).

8.- Una cuarta consideración es la solidaridad entendida como la “determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”, (Carta Encíclica del Papa San Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, n. 38). Los bienes del país y sus recursos humanos, económicos, sociales, culturales y naturales no deben estar al servicio de una economía que beneficie a unos pocos, sino de una economía orientada a ofrecer calidad de vida a toda la población.

9.- Estamos convencidos de que las propuestas políticas merecerán ser tomadas en cuenta y ser validadas por los ciudadanos cuando nos sintamos y seamos evaluadores, auditores de las políticas, programas y proyectos de gobierno; cuando todos los funcionarios sean auscultados por la sociedad, rindan cuentas periódicamente y se sometan a la vigilancia ciudadana.

10.- No es fácil ejercer la responsabilidad cívica. Para ejercer el voto y elegir de manera responsable, guiados por los valores que acabamos de recordar, debemos tener claridad acerca de lo que proponen los movimientos o corrientes que se dan en el seno de la mayoría de los partidos y que justifican la necesidad de las elecciones primarias. Los electores deben preguntarse, antes de elegir, cuál de estos movimientos o corrientes es coherente con los principios que hemos enunciado.

11.- Conocedores de que la reelección presidencial es una posibilidad constitucional en muchos países con sistema democrático, lamentamos que en Honduras se haya generado en los ciudadanos una confusión respecto de la reelección para el cargo de Presidente de la República. Siendo un artículo constitucional el que originalmente lo prohíbe, su modificación ha sido considerada inconstitucional por una parte de la población, pero admitida como constitucional por los poderes constituidos y por otra parte de la población.

12.- Lamentamos que en un tema de tanta importancia, la actuación de algunos poderes del Estado no haya tenido la claridad jurídica necesaria, y que una parte de la ciudadanía crea que no se les ha dado la posibilidad de ejercer su derecho a participar por medio de los mecanismos democráticos que la misma Constitución prevé para estos casos.

13.- Lamentamos que, según la percepción de muchos, no haya habido suficiente voluntad política de quienes nos gobiernan para dar a conocer en su momento la reglamentación de la reelección presidencial, dejando muchas preguntas sin responder, preguntas que necesitan una respuesta urgente.

14.- Pedimos que sea la conciencia de cada ciudadano la que, debidamente informada, decida sobre este tema tan sensible y trascendental en el que está en juego que seamos una verdadera democracia o una democracia manipulada por algunos que están al servicio de intereses particulares.

15.- Constatamos que existe una gran decepción por la vaciedad de la actual propaganda electoral, al repetir, tristemente, los rasgos de poca profundidad y falta de respeto, que ofende la inteligencia de una parte de la ciudadanía, y no presenta propuestas concretas a los problemas señalados anteriormente. ¿Qué candidatos estarán dispuestos a participar en eventos que permitan ser interrogados y confrontados con otros candidatos, a fin de dar a conocer su visión de país y sus intenciones y propuestas?

16.- Como cristianos no podemos actuar irresponsablemente: debemos participar en las elecciones. En este proceso electoral, nos comprometemos a fomentar el diálogo y el respeto entre todos, con nuestros agentes de pastoral y comunidades eclesiales, con la familia y con nuestros amigos, incluso con los que piensan diferente. Nos comprometemos, además, a orar para que todos en nuestra patria busquemos con honestidad el bien común que está por encima de todo egoísmo e interés privado y que nos une, a los que compartimos este pequeño espacio de nuestro mundo, en la construcción de una sociedad basada en la equidad, la justicia, la libertad, la verdad y la solidaridad entre todas las personas y todos los pueblos.

17.- Meditemos y apliquemos a la realidad que vivimos el consejo y la llamada a la prudencia que nos hace la Carta a los Efesios: “Por lo tanto, cuiden su comportamiento, no obren como necios, sino como personas sensatas, que saben aprovechar el momento presente porque corren tiempos malos. Por eso no sean imprudentes, antes bien, procuren entender cuál es la voluntad del Señor”, (Ef. 5, 15 – 17). Hagámoslo a ejemplo de María, la Virgen Prudente, que “conservaba y meditaba todo en su corazón”, (Lc. 2, 19).18.- Les pedimos insistentemente que la situación política del país y los enfrentamientos que propician las posturas políticas, tanto de candidatos como de partidos, no nos dividan ni rompan la comunión eclesial a la que el Señor nos ha llamado. Desde nuestro Bautismo vivimos como hijos adoptivos del Padre, hermanos y hermanas en Jesucristo el Señor. No podemos permitir que las diferentes formas de ver la realidad nacional y los distintos caminos para buscar soluciones dañen la comunión eclesial. Hoy más que nunca hemos de vivir la unidad a la que nos convoca la Palabra de Dios: “Uno es el cuerpo, uno el Espíritu, como una es la esperanza a que han sido llamados, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, uno es Dios, Padre de todos, que está sobre todos, entre todos, en todos”, (Ef. 4, 4 – 6).

19.- Deseamos que, en medio de las realidades humanas, que nos unen unas veces y nos dividen otras, esté siempre el Padre de todos uniéndonos en una misma fe y una misma esperanza. Estos deseos de comunión y respeto mutuo los hacemos extensivos a toda la sociedad. Queremos una sociedad menos fragmentada, con un tejido social más sólido, con ideales, objetivos e identidad compartidos.

20.- Consideramos que, a pesar de lo complejo del panorama nacional, de los grandes problemas que nos aquejan, de las desilusiones que nos acompañan, nuestra fe nos hace creer que siempre podemos construir algo nuevo y superar toda negatividad. Anhelamos el momento en el que todos los hondureños seamos una bendición de Dios unos para otros.

 

CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

 Tegucigalpa. 27 de Febrero de 2017.

El Código de Derecho Canónico es claro al decir que la decisión de nombrar a los Obispos en la Iglesia de rito latino corresponde al Papa:

Canon 377 § 1: El Sumo Pontífice nombra libremente a los Obispos, o confirma a los que han sido legítimamente elegidos.

Es el Papa, por lo tanto, quien designa libremente a los sacerdotes que han de ser consagrados Obispos. La designación se hace bien mediante nombramiento directo, bien a través de la confirmación de quien haya sido legítimamente elegido. En la Iglesia de rito latino es norma común el nombramiento directo por el Romano Pontífice. La elección de que habla el Canon 377 § 1 alude a la costumbre legítima, según la cual el Cabildo de la catedral participa de algún modo en la elección del Obispo diocesano, muchas veces mediante la proposición de una terna de nombres al Papa. Esto sucede en algunas diócesis centroeuropeas, entre ellas la de Colonia. En este artículo nos referiremos al nombramiento directo, por ser el modo más común en la Iglesia de designar Obispos.

Es comprensible que el Papa necesita la ayuda de diversos organismos para poder llevar a cabo la elección: es imposible que el Papa conozca a todos los sacerdotes con condiciones para ser designados Obispos. Por eso, el canon 377, en sus parágrafos 2 y 3, establece un procedimiento para llevar a cabo la designación.

Canon 377 § 2: Al menos cada tres años, los Obispos de la provincia eclesiástica o, donde así lo aconsejen las circunstancias, los de la Conferencia Episcopal, deben elaborar de común acuerdo y bajo secreto una lista de presbíteros, también de entre los miembros de institutos de vida consagrada, que sean más idóneos para el episcopado, y han de enviar esa lista a la Sede Apostólica, permaneciendo firme el derecho de cada Obispo de dar a conocer particularmente a la Sede Apostólica nombres de presbíteros que considere dignos e idóneos para el oficio episcopal.

§ 3: A no ser que se establezca legítimamente de otra manera, cuando se ha de nombrar un Obispo diocesano o un Obispo coadjutor, para proponer a la Sede Apostólica una terna, corresponde al Legado pontificio investigar separadamente y comunicar a la misma Sede Apostólica, juntamente con su opinión, lo que sugieran el Arzobispo y los Sufragáneos de la provincia, a la cual pertenece la diócesis que se ha de proveer o con la cual está agrupada, así como el presidente de la Conferencia Episcopal; oiga además el Legado pontificio a algunos del colegio de consultores y del cabildo catedral y, si lo juzgare conveniente, pida en secreto y separadamente el parecer de algunos de uno y otro clero, y también de laicos que destaquen por su sabiduría.


Examinemos el procedimiento previsto en el Código de Derecho Canónico.

Procedimiento de designación de Obispos

Los Obispos diocesanos de la misma provincia eclesiástica o de la misma Conferencia Episcopal tienen la obligación de elaborar y mantener actualizada una lista de presbíteros idóneos para el episcopado. Entre estos presbíteros han de incluir los sacerdotes que no son están incardinados en las diócesis pero residen en su territorio. Además, cada Obispo diocesano puede dar a conocer particularmente a la Sede Apostólica nombres de presbíteros que considere dignos e idóneos para el oficio episcopal.

Cada vez que se produzca una vacante en una diócesis, el Legado pontificio -Nuncio, Pronuncio o Delegado Apostólico- ha de proponer a la Santa Sede una terna de nombres, previa una investigación sobre la idoneidad de los candidatos y demás circunstancias que concurran en la diócesis: ha de preguntar al Arzobispo metropolitano, a los demás Obispos de la provincia eclesiástica, al presidente de la Conferencia Episcopal, y a algunos personajes relevantes de la diócesis cuya vacante se trata de cubrir: se prescribe la consulta de algunos miembros del Colegio de Consultores y del Cabildo de la Catedral, y si lo ve conveniente puede pedir la opinión de clérigos regulares y seculares así como de laicos “que destaquen por su sabiduría”. En la terna de nombres pueden aparecer presbíteros y Obispos de otras diócesis, cuyo traslado se propone.

En la Santa Sede el organismo competente, tanto para recibir las listas que han de elaborar los Obispos como para recibir la terna de nombres que propone el Legado pontificio es la Congregación para los Obispos como norma común, o la Congregación para la Evangelización de los Pueblos si la diócesis está confiada a este dicasterio (cfr. artículos 77 y 89 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus).

Idoneidad de los candidatos al episcopado

El canon 378 ofrece los requisitos que deben reunir los candidatos al episcopado:

Canon 378 § 1: Para la idoneidad de los candidatos al Episcopado se requiere que el interesado sea:

l insigne por la firmeza de su fe, buenas costumbres, piedad, celo por las almas, sabiduría, prudencia y virtudes humanas, y dotado de las demás cualidades que le hacen apto para ejercer el oficio de que se trata;

2 de buena fama;

3 de al menos treinta y cinco años;

4 ordenado de presbítero desde hace al menos cinco años;

5 doctor o al menos licenciado en sagrada Escritura, teología o derecho canónico, por un instituto de estudios superiores aprobado por la Sede Apostólica, o al menos verdaderamente experto en esas disciplinas.

§ 2: El juicio definitivo sobre la idoneidad del candidato corresponde a la Sede Apostólica.


Nombramiento de Obispos auxiliares

El procedimiento anteriormente descrito se refiere al nombramiento de Obispos diocesanos y coadjutores. Para el nombramiento de Obispos auxiliares se establece un procedimiento más sencillo:

Canon 377 § 4: Si no se ha provisto legítimamente de otro modo, el Obispo diocesano que considere que debe darse un auxiliar a su diócesis propondrá a la Sede Apostólica una lista de al menos tres de los presbíteros que sean más idóneos para ese oficio.

Si un Obispo diocesano considera que es necesario el nombramiento de un Obispo auxiliar, propone a la Santa Sede una terna de candidatos. La propuesta la puede hacer a través del Legado pontificio. Como se puede observar, el procedimiento es sencillo.

Intervención de las autoridades civiles

El Código de Derecho Canónico previene que no se concederán en adelante a las autoridades civiles ningún derecho en lo que se refiere al nombramiento de Obispos:

Canon 377 § 5: En lo sucesivo no se concederá a las autoridades civiles ningún derecho ni privilegio de elección, nombramiento, presentación y designación de Obispos.

Pero ciertamente se han de tener en cuenta los derechos reconocidos hasta el momento. Además, no se debe olvidar que en la prelación de fuentes del derecho de la Iglesia tienen preferencia los Concordatos y demás Acuerdos de derecho internacional suscritos por la Santa Sede sobre el Código de Derecho Canónico (cfr. canon 3).

Históricamente las autoridades civiles han tenido derecho de intervención de diversos modos, y los Concordatos han establecido procedimientos complejos para regular la intervención de los Gobiernos, así como para garantizar el derecho del Romano Pontífice de ser él quien promueva al episcopado. Una fórmula habitual en varios Concordatos ha sido el llamado derecho de presentación, por el cual ante cada vacante de una sede episcopal el Gobierno presenta una terna de candidatos, entre los cuales el Papa escoge uno. Esta fórmula -y otras parecidas- tenían sentido en otras épocas, entre otros motivos para facilitar a los Obispos el libre cumplimiento de sus funciones pastorales, en una época en que muchas veces los gobiernos han intentado intervenir en los asuntos de la Iglesia. Mediante la fórmula del derecho de presentación se garantiza que los obispos cuenten desde el primer momento con el beneplácito de los gobiernos.

Sin embargo, no parece que el derecho de presentación esté de acuerdo con el espíritu de los tiempos contemporáneos, que valoran la separación entre la Iglesia y el Estado. Por eso, el Concilio Vaticano II pidió a las autoridades civiles que renunciaran a estos derechos. Desde entonces se suele recoger en los Concordatos. Sin embargo, en muchos casos en estos Tratados internacionales se acuerda algún tipo de intervención.

En el Acuerdo entre la Iglesia y el Estado español de 28 de julio de 1976, se establece que antes de proceder al nombramiento de Obispos residenciales y coadjutores la Santa Sede notificará al Gobierno el nombre del designado, por si respecto a él existiesen objeciones concretas de índole política general, aunque la valoración de tales objeciones corresponde siempre a la Santa Sede. Además establece el derecho de presentación para el nombramiento del Vicario General castrense, según el cual se forma una terna de nombres de común acuerdo entre la Nunciatura y el Ministerio de Asuntos Exteriores. El Rey presenta de estos nombres uno de ellos para su nombramiento por el Papa. Esta fórmula (deber de notificación en general, y derecho de presentación para el Ordinario castrense) se ha hecho corriente en el derecho concordatario actual.

Además, las obligaciones internacionales contraídas por la Santa Sede pueden limitar la selección de candidatos. En el Acuerdo con el Estado español antes citado se indica que en las sedes españolas los Obispos han de ser españoles: por lo tanto, el Romano Pontífice no puede escoger un extranjero para ocupar una diócesis española. Igualmente se establece que los límites de las diócesis españolas han de coincidir con el territorio español, con la excepción del territorio de Andorra. Lo cual ha de ser observado por la Santa Sede si se plantea una remodelación de los territorios diocesanos. Limitaciones similares se encuentran en otros muchos Concordatos.

En los casos en que haya de tenerse en cuenta el derecho concordatario para el nombramiento de un Obispo, se debe observar el artículo 78 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus:

Artículo 78: Siempre que haya que tratar con los Gobiernos lo referente a la constitución o cambio de Iglesias particulares y de sus asambleas, o bien a su provisión, no procederá sino consultando a la sección de la Secretaria de Estado para las relaciones con los Estados.

Tomado de catholic.net

 

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