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La Conferencia Episcopal Hondureña, CEH, ha dado ha conocer este comunicado:

“Defender y promover, respetar y amar la vida es una tarea que Dios confía a cada hombre”,

(Encíclica del Papa Juan Pablo II Evangelium Vitae, n. 42)

Queridos Hermanos, La Iglesia Católica que peregrina en Honduras aclara e instruye sobre la verdadera formación que se debe proporcionar a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes sobre la educación en la sexualidad.

En días pasados se hizo público en nuestro País la información de que “Ocho Departamentos tendrán guías sexuales en las aulas este año”, basándose en “los textos de formación integral de la familia”, mismos que pasarán a ser “parte del Currículo Nacional Básico”.

En primer lugar, es necesario subrayar que estamos partiendo de una preocupación común, ya que el incremento de los embarazos entre mujeres jóvenes, particularmente entre las adolescentes, es una realidad que nos compromete y nos exige a todos, comenzando con los padres de familia.

Sin embargo, tan importante es que compartamos la misma preocupación e interés, como que sigamos los mismos métodos y procuremos alcanzar el mismo fin. La intención y el deseo de evitar los embarazos entre las adolescentes no nos autoriza ni nos legitima a conseguirlo a costa de cualquier método: recordemos que el fin no justifica los medios.

Se ha publicado, asimismo, en los medios nacionales que “las autoridades de la Secretaría de Educación tuvieron que consensuar con representantes de las iglesias…”. Ante tal situación, queremos puntualizar que la Iglesia Católica no solamente ha estado ausente de supuestas reuniones o encuentros, sino que en ningún momento ha hecho manifiesto algún tipo de “consenso” al respecto.

En una situación similar, la Secretaría General de la Conferencia Episcopal de Honduras, en el Comunicado “La Vida Humana es un don de Dios, ¡Defendámosla Juntos!”, del 07 de noviembre de 2016, había ya denunciado el uso arbitrario e irresponsable del nombre de “Iglesia Católica”:

"Por esta razón, REPROBAMOS el que se haya incluido arbitrariamente el logo de “Iglesia Católica de Honduras” en la contraportada de este Plan Multisectorial, a la par de otras Instituciones, como dando por hecho un tipo de aprobación de nuestra parte al contenido de dicho Plan, cuando en realidad sólo se tuvo participación en algunas sesiones, en las cuales se expuso clara y abiertamente nuestro desacuerdo a tales propuestas, por ir en contra de la dignidad de la persona humana y en franca oposición a la Doctrina de la Iglesia Católica".

Lamentamos vivamente que estos eventos se estén presentando reiteradamente. Nuestros Obispos, como padres y pastores del pueblo de Dios, en las diez Diócesis que forman la Provincia Eclesiástica de Honduras, en diferentes momentos y circunstancias han enseñado y transmitido, con firme determinación, la Doctrina de la Iglesia Católica sobre la vida humana, la sexualidad, el matrimonio y la familia.

Cuando se tratan los temas relacionados a la educación sexual, inmediatamente nos encontramos con una primera dificultad: descubrir el mal uso que se le da al término “educación sexual”. Para muchos grupos y organizaciones, enseñar educación sexual significa darle a la juventud, o en nuestro caso a los adolescentes, una información sexual explícita y desprovista de valores morales, con un lenguaje y una metodología que no respetan la modestia natural de los niños ni la autoridad de sus padres. A esta educación sexual bien podríamos llamarla “educación sexual hedonista”, para distinguirla de una positiva y prudente educación sexual, que los padres, en el momento oportuno, deben darle a sus hijos.

El Papa Juan Pablo II declaró, una y otra vez, que una educación sexual desprovista de valores morales manipula y envilece a las personas.

Esto significa que, para quienes respetamos la vida humana y la familia, enseñar educación sexual significa formar en los valores inherentes a la sexualidad humana, que son la transmisión de la vida y la expresión del amor conyugal, cuyo objetivo es ayudar a los jóvenes para que respeten dichos valores por medio de la virtud de la castidad.

Entre las múltiples dificultades que los padres de familia encuentran hoy, aun teniendo en cuenta los diversos contextos culturales y sociales, se encuentra ciertamente la dificultad de ofrecer a los hijos una adecuada preparación para la vida adulta, en particular respecto a LA EDUCACIÓN SOBRE EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA SEXUALIDAD, QUE NO SE LIMITA EN ABSOLUTO A UNA DIMENSIÓN MERAMENTE GENITAL. La sexualidad es mucho más amplia y rica de sentido, ya que la sexualidad humana comprende la totalidad de la persona humana, su dimensión biológica, física, espiritual, psicológica, personal e interpersonal.

De modo que, en una relación sexual, no sólo se experimenta un “ejercicio” o “práctica” del aspecto físico–carnal entre un hombre y una mujer. Más bien, se da entre ellos una verdadera entrega, total y plena. Por ello, las relaciones sexuales no son únicamente buenas, sino que son sagradas: CADA UNO DE NOSOTROS HEMOS NACIDO DE LA UNIÓN ENTRE DOS PERSONAS QUE SE AMABAN PROFUNDAMENTE; es decir, hemos sido el fruto de un amor verdadero, del amor que se tienen nuestra mamá y nuestro papá.

Ésta es una de las razones principales por las que la Iglesia prohíbe las relaciones sexuales fuera del matrimonio, PORQUE ÚNICAMENTE EL MATRIMONIO OFRECE AL HOMBRE Y A LA MUJER LAS CONDICIONES NECESARIAS PARA QUE DICHA ENTREGA SEA PLENA Y TOTAL.

La Iglesia, como Madre y Maestra, a través del Consejo Pontificio para la Familia, nos enseña que “el uso de la sexualidad como donación física tiene su verdad, y alcanza su pleno significado, cuando es expresión de la donación personal del hombre y de la mujer hasta la muerte”.

Esto revela una gran verdad: la sexualidad humana es un Bien, es parte del don que Dios vio que “era muy bueno”, cuando creó a la persona humana a su imagen y semejanza, y “hombre y mujer los creó” (Gén. 1, 27). La relación entre un hombre y una mujer es esencialmente una relación de amor. Y la sexualidad orientada, elevada e integrada por el amor adquiere verdadera calidad humana: la sexualidad tiene como fin intrínseco el amor; más precisamente, el amor como donación y acogida, como dar y recibir.

Es nuestro deseo que todos los Programas de educación, especialmente de la educación sexual, orientados a los niños y a los jóvenes, que son el futuro real y verdadero de nuestra querida Honduras, tengan en cuenta que el verdadero amor entre un hombre y una mujer se actúa en el matrimonio, ya que el don de sí mismo expresa, a través del cuerpo, la complementariedad y la totalidad del don. El amor conyugal llega a ser, entonces, una fuerza que enriquece y hace crecer y madurar a las personas. Pedimos a nuestras autoridades un mayor compromiso en formar y preparar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes para la vida adulta, haciéndolos capaces de asumir con seriedad y responsabilidad el camino y el progreso de esta gran Nación.

De esta manera, superaremos juntos la cultura de las “cosas” y privilegiaremos la cultura de las “personas”, evitando caer en una cultura superficial y hedonista, que llevaría irremediablemente a ver a la mujer como un objeto para el hombre, o viceversa; o bien, más triste aún, a ver a los hijos como un obstáculo para los padres.

Construyamos juntos lo que nuestros niños, adolescentes y jóvenes necesitan verdaderamente: descubrir y conocer cuánto valen para Dios y cuánto valen para nosotros, sus padres, sus educadores y guías en su formación integral.

Dios nuestro Padre bendiga abundantemente a nuestras Familias, de manera especial a cada uno de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, así como a sus formadores y educadores.

CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

SECRETARÍA GENERAL

Tegucigalpa, M.D.C., 23 de Enero de 2017.

 

Imagen tomada de http://www.radiohrn.hn/

El Código de Derecho Canónico es claro al decir que la decisión de nombrar a los Obispos en la Iglesia de rito latino corresponde al Papa:

Canon 377 § 1: El Sumo Pontífice nombra libremente a los Obispos, o confirma a los que han sido legítimamente elegidos.

Es el Papa, por lo tanto, quien designa libremente a los sacerdotes que han de ser consagrados Obispos. La designación se hace bien mediante nombramiento directo, bien a través de la confirmación de quien haya sido legítimamente elegido. En la Iglesia de rito latino es norma común el nombramiento directo por el Romano Pontífice. La elección de que habla el Canon 377 § 1 alude a la costumbre legítima, según la cual el Cabildo de la catedral participa de algún modo en la elección del Obispo diocesano, muchas veces mediante la proposición de una terna de nombres al Papa. Esto sucede en algunas diócesis centroeuropeas, entre ellas la de Colonia. En este artículo nos referiremos al nombramiento directo, por ser el modo más común en la Iglesia de designar Obispos.

Es comprensible que el Papa necesita la ayuda de diversos organismos para poder llevar a cabo la elección: es imposible que el Papa conozca a todos los sacerdotes con condiciones para ser designados Obispos. Por eso, el canon 377, en sus parágrafos 2 y 3, establece un procedimiento para llevar a cabo la designación.

Canon 377 § 2: Al menos cada tres años, los Obispos de la provincia eclesiástica o, donde así lo aconsejen las circunstancias, los de la Conferencia Episcopal, deben elaborar de común acuerdo y bajo secreto una lista de presbíteros, también de entre los miembros de institutos de vida consagrada, que sean más idóneos para el episcopado, y han de enviar esa lista a la Sede Apostólica, permaneciendo firme el derecho de cada Obispo de dar a conocer particularmente a la Sede Apostólica nombres de presbíteros que considere dignos e idóneos para el oficio episcopal.

§ 3: A no ser que se establezca legítimamente de otra manera, cuando se ha de nombrar un Obispo diocesano o un Obispo coadjutor, para proponer a la Sede Apostólica una terna, corresponde al Legado pontificio investigar separadamente y comunicar a la misma Sede Apostólica, juntamente con su opinión, lo que sugieran el Arzobispo y los Sufragáneos de la provincia, a la cual pertenece la diócesis que se ha de proveer o con la cual está agrupada, así como el presidente de la Conferencia Episcopal; oiga además el Legado pontificio a algunos del colegio de consultores y del cabildo catedral y, si lo juzgare conveniente, pida en secreto y separadamente el parecer de algunos de uno y otro clero, y también de laicos que destaquen por su sabiduría.


Examinemos el procedimiento previsto en el Código de Derecho Canónico.

Procedimiento de designación de Obispos

Los Obispos diocesanos de la misma provincia eclesiástica o de la misma Conferencia Episcopal tienen la obligación de elaborar y mantener actualizada una lista de presbíteros idóneos para el episcopado. Entre estos presbíteros han de incluir los sacerdotes que no son están incardinados en las diócesis pero residen en su territorio. Además, cada Obispo diocesano puede dar a conocer particularmente a la Sede Apostólica nombres de presbíteros que considere dignos e idóneos para el oficio episcopal.

Cada vez que se produzca una vacante en una diócesis, el Legado pontificio -Nuncio, Pronuncio o Delegado Apostólico- ha de proponer a la Santa Sede una terna de nombres, previa una investigación sobre la idoneidad de los candidatos y demás circunstancias que concurran en la diócesis: ha de preguntar al Arzobispo metropolitano, a los demás Obispos de la provincia eclesiástica, al presidente de la Conferencia Episcopal, y a algunos personajes relevantes de la diócesis cuya vacante se trata de cubrir: se prescribe la consulta de algunos miembros del Colegio de Consultores y del Cabildo de la Catedral, y si lo ve conveniente puede pedir la opinión de clérigos regulares y seculares así como de laicos “que destaquen por su sabiduría”. En la terna de nombres pueden aparecer presbíteros y Obispos de otras diócesis, cuyo traslado se propone.

En la Santa Sede el organismo competente, tanto para recibir las listas que han de elaborar los Obispos como para recibir la terna de nombres que propone el Legado pontificio es la Congregación para los Obispos como norma común, o la Congregación para la Evangelización de los Pueblos si la diócesis está confiada a este dicasterio (cfr. artículos 77 y 89 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus).

Idoneidad de los candidatos al episcopado

El canon 378 ofrece los requisitos que deben reunir los candidatos al episcopado:

Canon 378 § 1: Para la idoneidad de los candidatos al Episcopado se requiere que el interesado sea:

l insigne por la firmeza de su fe, buenas costumbres, piedad, celo por las almas, sabiduría, prudencia y virtudes humanas, y dotado de las demás cualidades que le hacen apto para ejercer el oficio de que se trata;

2 de buena fama;

3 de al menos treinta y cinco años;

4 ordenado de presbítero desde hace al menos cinco años;

5 doctor o al menos licenciado en sagrada Escritura, teología o derecho canónico, por un instituto de estudios superiores aprobado por la Sede Apostólica, o al menos verdaderamente experto en esas disciplinas.

§ 2: El juicio definitivo sobre la idoneidad del candidato corresponde a la Sede Apostólica.


Nombramiento de Obispos auxiliares

El procedimiento anteriormente descrito se refiere al nombramiento de Obispos diocesanos y coadjutores. Para el nombramiento de Obispos auxiliares se establece un procedimiento más sencillo:

Canon 377 § 4: Si no se ha provisto legítimamente de otro modo, el Obispo diocesano que considere que debe darse un auxiliar a su diócesis propondrá a la Sede Apostólica una lista de al menos tres de los presbíteros que sean más idóneos para ese oficio.

Si un Obispo diocesano considera que es necesario el nombramiento de un Obispo auxiliar, propone a la Santa Sede una terna de candidatos. La propuesta la puede hacer a través del Legado pontificio. Como se puede observar, el procedimiento es sencillo.

Intervención de las autoridades civiles

El Código de Derecho Canónico previene que no se concederán en adelante a las autoridades civiles ningún derecho en lo que se refiere al nombramiento de Obispos:

Canon 377 § 5: En lo sucesivo no se concederá a las autoridades civiles ningún derecho ni privilegio de elección, nombramiento, presentación y designación de Obispos.

Pero ciertamente se han de tener en cuenta los derechos reconocidos hasta el momento. Además, no se debe olvidar que en la prelación de fuentes del derecho de la Iglesia tienen preferencia los Concordatos y demás Acuerdos de derecho internacional suscritos por la Santa Sede sobre el Código de Derecho Canónico (cfr. canon 3).

Históricamente las autoridades civiles han tenido derecho de intervención de diversos modos, y los Concordatos han establecido procedimientos complejos para regular la intervención de los Gobiernos, así como para garantizar el derecho del Romano Pontífice de ser él quien promueva al episcopado. Una fórmula habitual en varios Concordatos ha sido el llamado derecho de presentación, por el cual ante cada vacante de una sede episcopal el Gobierno presenta una terna de candidatos, entre los cuales el Papa escoge uno. Esta fórmula -y otras parecidas- tenían sentido en otras épocas, entre otros motivos para facilitar a los Obispos el libre cumplimiento de sus funciones pastorales, en una época en que muchas veces los gobiernos han intentado intervenir en los asuntos de la Iglesia. Mediante la fórmula del derecho de presentación se garantiza que los obispos cuenten desde el primer momento con el beneplácito de los gobiernos.

Sin embargo, no parece que el derecho de presentación esté de acuerdo con el espíritu de los tiempos contemporáneos, que valoran la separación entre la Iglesia y el Estado. Por eso, el Concilio Vaticano II pidió a las autoridades civiles que renunciaran a estos derechos. Desde entonces se suele recoger en los Concordatos. Sin embargo, en muchos casos en estos Tratados internacionales se acuerda algún tipo de intervención.

En el Acuerdo entre la Iglesia y el Estado español de 28 de julio de 1976, se establece que antes de proceder al nombramiento de Obispos residenciales y coadjutores la Santa Sede notificará al Gobierno el nombre del designado, por si respecto a él existiesen objeciones concretas de índole política general, aunque la valoración de tales objeciones corresponde siempre a la Santa Sede. Además establece el derecho de presentación para el nombramiento del Vicario General castrense, según el cual se forma una terna de nombres de común acuerdo entre la Nunciatura y el Ministerio de Asuntos Exteriores. El Rey presenta de estos nombres uno de ellos para su nombramiento por el Papa. Esta fórmula (deber de notificación en general, y derecho de presentación para el Ordinario castrense) se ha hecho corriente en el derecho concordatario actual.

Además, las obligaciones internacionales contraídas por la Santa Sede pueden limitar la selección de candidatos. En el Acuerdo con el Estado español antes citado se indica que en las sedes españolas los Obispos han de ser españoles: por lo tanto, el Romano Pontífice no puede escoger un extranjero para ocupar una diócesis española. Igualmente se establece que los límites de las diócesis españolas han de coincidir con el territorio español, con la excepción del territorio de Andorra. Lo cual ha de ser observado por la Santa Sede si se plantea una remodelación de los territorios diocesanos. Limitaciones similares se encuentran en otros muchos Concordatos.

En los casos en que haya de tenerse en cuenta el derecho concordatario para el nombramiento de un Obispo, se debe observar el artículo 78 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus:

Artículo 78: Siempre que haya que tratar con los Gobiernos lo referente a la constitución o cambio de Iglesias particulares y de sus asambleas, o bien a su provisión, no procederá sino consultando a la sección de la Secretaria de Estado para las relaciones con los Estados.

Tomado de catholic.net

 

 LA VIDA HUMANA ES UN DON DE DIOS, ¡DEFENDÁMOSLA JUNTOS!

 En el contexto actual en que se haya nuestro pueblo de Honduras, en el cual estamos presenciando y dando seguimiento a los trabajos correspondientes a la elaboración del Nuevo Código Penal, la Conferencia Episcopal de Honduras, REAFIRMA una vez más, todas las enseñanzas de la Iglesia Católica en defensa de la Vida Humana, desde su concepción hasta la muerte natural, así como la defensa del Matrimonio y la Familia.

 

Ante la publicación del “Plan Multisectorial para la Prevención del Embarazo en Adolescentes 2014-2018”, por parte del Gobierno de la República de Honduras. Presidencia de la República, nuestra Conferencia Episcopal manifiesta su PROFUNDA PREOCUPACIÓN por las iniciativas de ley que promueven sutilmente el aborto, y destacamos un TOTAL DESACUERDO con los temas relacionados a la “Ideología de Género” y con los –así llamados- “Derechos Sexuales” de los jóvenes y adolescentes, y un total desacuerdo también con la distribución de anticonceptivos y pastillas entre ellos, queriendo aplicar una mal y pobremente entendida “educación sexual”.

 

Por esta razón, REPROBAMOS el que se haya incluido arbitrariamente el logo de “Iglesia Católica de Honduras” en la contraportada de este Plan Multisectorial, a la par de otras Instituciones, como dando por hecho un tipo de aprobación de nuestra parte al contenido de dicho Plan, cuando en realidad sólo se tuvo participación en algunas sesiones, en las cuales se expuso clara y abiertamente nuestro desacuerdo a tales propuestas, por ir en contra de la dignidad de la persona humana y en franca oposición a la Doctrina de la Iglesia Católica.

 

Los Obispo de Honduras hemos venido emitiendo, desde hace muchos años, Mensajes, Comunicados y Exhortaciones Pastorales en defensa de la Vida Humana. Además, cada año la Iglesia dedica el mes de agosto para celebrar el “Mes del Matrimonio y la Familia”, buscando  fortalecer  aún  más  esta  sagrada  institución,  querida  y  bendecida  por  Dios. Sumado a este gran esfuerzo pastoral, en este Año Jubilar de la Misericordia, se realizó en la Basílica Menor “Nuestra Señora de Suyapa”, un Congreso sobre la Familia y la Palabra de Dios, ayudándonos a reflexionar durante tres días sobre el valor sagrado y la misión fundamental del Matrimonio y la Familia.

 

La  Iglesia  Católica  ha  defendido  siempre  la  Vida  Humana.  Conscientes  de  nuestra responsabilidad histórica y en congruencia con nuestra fe cristiana, todos debemos decir NO AL ABORTO y no al uso de métodos anticonceptivos, muchos de los cuales son abortivos.

En estos momentos en que se trabaja en la elaboración del Nuevo Código Penal de Honduras, EXHORTAMOS a todos los fieles católicos y a la entera población hondureña, para que defendamos juntos la vida. Por ello, pedimos a nuestros Diputados y Diputadas en el Congreso Nacional actuar y decidir a favor y en defensa de la Vida Humana, así como a favor y en defensa del Matrimonio y la Familia, tal como Dios lo instituyó y tal como Él lo quiere.

 En el reciente Comunicado de la C.E.H., titulado “La Vida Humana: su grandeza, valor y trascendencia”, fue necesario subrayar y recordar a todos que “la vida humana encierra un valor inconmensurable,  desde su comienzo hasta su natural término, sin importar las condiciones o limitaciones concretas en que se encuentren las personas”. Por esta razón, la Iglesia Católica RECHAZA toda acción que vaya en contra de la Vida Humana.

 El Papa Francisco nos ha dicho que los jóvenes y las jóvenes deben ser formados para una educación sexual responsable: “Con frecuencia la educación sexual se concentra en la invitación a cuidarse, procurando un sexo seguro. Esta expresión transmite una actitud negativa hacia la finalidad procreativa natural de la sexualidad, como si un posible hijo fuera un enemigo del cual hay que protegerse. Así se promueve la agresividad narcisista en lugar de la acogida. Es irresponsable toda invitación a los adolescentes a que jueguen con sus cuerpos y deseos, como si tuvieran la madurez, los valores, el compromiso mutuo y los objetivos propios del matrimonio”, Exhortación Apostólica Postsinodal “Amoris Laetitia”, n. 283.

 

“El aborto es un crimen abominable, que va contra el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios: NO MATARÁS”, Comunicado de la C.E.H., del 06 de febrero del año 2004.

 

Reiteramos nuestro llamado para que SE REFLEXIONE SERIAMENTE Y SE LEGISLE a favor de los intereses de los ciudadanos hondureños, y no de grupos particulares, mucho menos  de  acuerdo  a  los  intereses  de  entidades  extranjeras  que,  por  lo  general,  sólo responden a una agenda internacional de los organismos internacionales y de grupos ideologizados. ¡Respetemos y protejamos nuestra idiosincrasia y nuestros valores!

 

Que la Virgen Santísima, Nuestra Señora de Suyapa, ilumine a nuestras Autoridades en la elaboración del Nuevo Código Penal, legislando a favor de la vida, y emitan leyes en beneficio de toda la humanidad y que fortalezcan la identidad, el presente y el futuro de cada familia hondureña.

 

 

 

 

CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

SECRETARÍA GENERAL

 

 

 

Conferencia Episcopal de Honduras

Los Laureles, Comayagüela, MDC, Honduras, C.A.

 

 

COMUNICADO

 

 

Tegucigalpa, M.D.C., 07 de noviembre de 2016.

Todo ser humano, desde el momento de su concepción, posee un valor excepcional, único, irrepetible e insustituible.

Con motivo de la discusión que se ha generado en torno a la promulgación de un Nuevo Código Penal para nuestro País, los movimientos y grupos pro–aborto, existentes en Honduras, han visto una coyuntura para lanzar de nuevo una campaña que busca despenalizar el aborto, que es un crimen atroz.

En vista de lo anterior, nosotros, Obispos de las diferentes Diócesis de la Iglesia que peregrina en Honduras, en nuestra responsabilidad pastoral, hacemos sentir una vez más nuestra voz, junto a nuestros sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles cristianos, para reiterar la firmeza de la fe que profesamos y que en ella nos fortalecemos, así como exponer la verdad científica que contribuye a sustentar la defensa de la vida y de la dignidad de la persona humana.

El interés y la pretensión de los grupos abortistas, por conseguir lo que buscan, los han llevado, incluso, a querer engañar a la opinión pública con presuntas “aperturas” por parte de la Iglesia Católica, para discutir la posibilidad de aceptar la práctica de este crimen abominable, en algunos casos o circunstancias precisas.

Asimismo, queremos denunciar las falsas afirmaciones acerca de una supuesta Comisión que el Papa Francisco habría nombrado para analizar los casos en que se podría abortar, comprometiendo con ello la postura firme del Santo Padre y de la Iglesia Católica, fundada en la divina Revelación, en favor de la vida, ante todo, la vida del no nacido.

Tales afirmaciones, por lo tanto, no sólo son falsas, sino perversas y malintencionadas.

Que los criterios y orientaciones pastorales, que ahora deseamos comunicar, sean una luz en el camino y una fortaleza en nuestras decisiones.

 

FUNDAMENTACIÓN

En la actualidad, nos revelan las estadísticas que miles de bebés mueren cada día en el propio vientre materno. A través del aborto, los médicos cortan la vida de aquellos embriones que todavía no tienen nombre pero sí un corazón que late.

La vida humana encierra un valor inconmensurable, desde su comienzo hasta su natural término, sin importar las condiciones o limitaciones concretas en que se encuentren las personas. Esta apreciación ha sido sostenida desde siempre y proclamada por los grandes de la antigüedad, desde Séneca hasta el mismo Aristóteles. La vida es realmente un misterio, un misterio espléndido, fenomenal, magnífico.

Ante todo, es preciso exponer con determinación que la discusión acerca de la vida y de la muerte, hablando específicamente del aborto o la manipulación genética con supuestos “fines terapéuticos”, no es un problema o un tema de orden religioso. Es cuestión de

dignidad y de respeto hacia el bien más preciado, que es la vida humana, ya que está en juego el futuro de la familia humana y el futuro mismo de nuestro pueblo. Así lo ha declarado el Papa Francisco: “La vida humana debe ser defendida siempre, desde el vientre materno, reconociendo en ella un don de Dios y una garantía del futuro de la humanidad”.

Por eso, más allá de convicciones o intereses personales, escuchemos y atendamos la voz de nuestra conciencia antes de decidir y, sobre todo en este caso, escuchemos también la voz de la ciencia.

Ante la pregunta acerca de cuándo empieza a darse la condición de ser vivo, organismo humano, individuo o persona humana, la ciencia nos enseña cómo el embrión (en el vientre de la madre) encierra una estructura grandiosa, admirable, completísima. Es un individuo biológico con potencial evolutivo, y no mero tejido materno.

El ser recién concebido posee un código genético diferente al de la madre y tiene, además, su propio flujo sanguíneo. Es un ser único, individual, irrepetible e insustituible, que está en un proceso de desarrollo progresivo y continuo.

Por esta razón, es inaceptable el argumento que suele repetirse irreflexiva e irresponsablemente: “es mi cuerpo, y yo decido sobre él”. Ésta es una verdad parcial y confusa, ya que el ser que está en el vientre de la madre ya no es “su cuerpo”, sino “otro cuerpo”, “otro ser”. La ciencia nos muestra un nuevo ser dentro de la matriz de la madre, unido a ella, pero un ser diferente.

En toda vida humana, aun la recién concebida, como también en la vida débil y sufriente, hemos de reconocer la grandeza de una obra maravillosa y sagrada que nos sobrepasa, de la cual no podemos disponer a nuestro libre arbitrio o capricho; al contrario, estamos llamados a protegerla y a defenderla.

Esto mismo habrá de contemplarse en todo orden jurídico o penal: la intención deliberada y firme de salvaguardar la vida humana, garantizando su pleno crecimiento y desarrollo, protegiendo su inviolable dignidad y defendiéndola de cualquier peligro.

El Papa Francisco nos advierte del peligro de la “cultura del descarte”, que relativiza el valor de la vida humana, e invita a los padres de familia a transmitir a sus hijos la conciencia de que la vida siempre debe ser defendida, desde el vientre materno.

 

ENSEÑANZAS BÍBLICAS

La Sagrada Escritura, por su parte, nos enseña que la vida humana es distinta de los otros tipos de vida, ya que los seres humanos fueron creados a imagen y semejanza de Dios, (Génesis 1, 26 –27). También nos enseña que el niño en el vientre de la madre es verdaderamente un ser humano. Las frases como “ella concibió y dio a luz a Caín” y “ella concibió y dio a luz a Henoc”, (Génesis 4,1.17) son utilizadas en repetidas ocasiones, y nos muestran que el individuo tiene la misma identidad tanto antes como después del nacimiento.

Dios conoce al niño no nacido: “Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre… nada de mi ser se te ocultaba, cuando yo era formado en lo secreto”, (Salmo 139,13.15). Además, Dios ayuda al no nacido: “Me entregaron a Ti apenas nacido, Tú eres mi Dios desde el seno materno”, (Salmo 22,11), y lo llama, como afirma el Apóstol Pablo: “Hasta que me llamó por su mucho amor el que me había elegido desde el seno de mi madre”, (Gálatas 1,15).

En el pasaje de la visitación de María a su prima Santa Isabel, del Evangelio de Lucas, vemos que el Señor Jesús, no nacido, comienza la obra de la salvación y santifica a una madre y a su niño no nacido, Juan Bautista. Éste es un evento impresionante en la Sagrada

Escritura, que revela la dignidad e identidad del niño no nacido. Desde el vientre el Señor hace el primer milagro de gracia.

Lucas 1,42–44: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno”. Isabel reconoce que el bebé no nacido que vive en María es su Señor: “¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno”.

La Iglesia Católica, fiel a Jesucristo y fiel a su doctrina milenaria, siempre ha proclamado que la vida humana es sagrada desde el momento de la concepción.

 

UN CASO CONCRETO

Cuando una mujer experimenta la pesadilla de una violación, el dolor y el sufrimiento que vive son desgarradores, y junto a ella sufre igualmente la familia. Rogamos a Dios por estas hermanas nuestras, en la esperanza de que nunca más haya una mujer que tenga que vivir semejante monstruosidad y, a la vez, PEDIMOS que se endurezcan más las leyes, y su justa aplicación, para castigar a los responsables de estos crímenes.

Reflexionemos ahora juntos: cuando resulta de estos hechos un embarazo no deseado, presenciamos igualmente el inicio de una vida humana, con toda su belleza y dignidad, con todas sus capacidades y potencialidades, independientemente de las circunstancias que le dieron origen.

La pregunta es: ¿por qué querer “solucionar” esta situación con la muerte del niño? ¿Por qué hacer pagar al inocente una culpa ajena? En nuestra Honduras, afortunadamente, no existe la pena de muerte. Es decir, tomando el mismo ejemplo, cuando cae un violador en manos de la justicia jamás se le aplicará la pena de muerte; a él que es culpable. Entonces, ¿por qué querer aplicarla contra una criatura inocente? Sería como buscar “remediar” un crimen cometiendo otro peor y mucho más grave. Nos enseña el refrán popular que “un mal no se soluciona con otro mal”.

Resistamos a la tentación de tomar la decisión más fácil y desesperada. Ayudemos a aquellas mujeres que sobrellevan el peso de un embarazo no deseado, para que sean valientes y generosas cuidando la vida de sus hijos. Vale la pena pensar aquí en los matrimonios que no tienen hijos, sabiendo la alegría inmensa que traería a sus hogares la posibilidad de adoptar un hijo. La adopción es una verdadera experiencia de amor: se dice que la sangre sólo hace parientes, pero el amor hace familia.

La vida humana, por encima de cualquier circunstancia, posee un valor inalienable. No importa si es fruto de una violación o si ha sido diagnosticado con malformaciones congénitas: es siempre una vida humana, con toda su grandeza, dignidad y misterio que lleva dentro de sí.

Quien ha tomado conciencia de esto sabe que no existe ni existirá nunca una vida humana inútil. Tengámoslo presente: por más que las apariencias sugieran lo contrario, no hay vida humana inútil: cada persona, sea hombre o mujer, sea niño, joven o anciano, poseen en sí mismos un valor sagrado e inviolable, y nadie tiene derecho a arrebatárselo.

 

NUESTROS VALORES

Veamos el caso con detenimiento. La propuesta de despenalización del aborto, más allá de los argumentos o la realidad que invita a considerar, por su propia naturaleza y su propio fin va en contra del recto orden de la razón, del propio dictamen de la conciencia y de todo ordenamiento constitucional, jurídico o penal.

Por ello, cabe cuestionar acerca del porqué o para qué se busca impedir el nacimiento de una criatura frágil e indefensa. ¿Por qué dejarse llevar por la avalancha de corrientes ideológicas tan ajenas a nosotros y a nuestros valores más profundos como Nación? Somos un pueblo que ama la vida y que está fuertemente arraigado en el amor de una familia y de los propios hijos, que son el futuro de este gran País.

Nosotros y nuestros antepasados hemos nacido y crecido en el seno de una familia, fundada sobre el matrimonio establemente formado por un hombre y una mujer. Estos son nuestros valores y ésta es nuestra identidad más profunda como pueblo y como familia.

De este modo, estamos llamados –en conciencia– a RECHAZAR y NO PERMITIR la aprobación de cualquier iniciativa o propuesta de ley que ponga en riesgo el valor sagrado de la vida, del matrimonio y de la familia, como pueden ser el aborto, la manipulación genética con supuestos “fines terapéuticos” y la, así llamada, “ideología de género”.

La “ideología de género” es, ante todo, una “ideología”; es decir, es un sistema de pensamiento cerrado, que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que –según ellos– son unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos.

Naturalmente, con tales descripciones así presentadas, los partidarios de la “ideología de género” defienden la práctica indiscriminada de la sexualidad humana, sin la menor responsabilidad y sin el menor respeto a la naturaleza y al orden querido y establecido por Dios. De ahí, se pretende dar el paso a la aprobación legal de los matrimonio entre dos personas del mismo sexo y, por consiguiente, a la posibilidad de adoptar niños.

Por tal razón, el Papa Benedicto XVI no vaciló en calificar a la “ideología de género” como la última rebelión de la creatura contra Dios, en su condición de creatura.

San Juan Pablo II insistentemente decía que debemos despertar y alzar la voz ante cualquier amenaza contra el hombre, contra la vida y contra la familia.

Favorecer legalmente la práctica del aborto, bajo cualquier circunstancia, o aceptar irresponsablemente las demás tendencias ideológicas, significa traicionar nuestra historia y nuestras tradiciones, abandonar nuestra identidad más profunda y comprometer nuestro futuro. Puede dar la impresión, incluso, que se quiera retomar el tema del aborto únicamente “para estar a la moda”, para no quedarse atrás respecto a otros Países. No es justo. Tengamos en cuenta que cada pueblo tiene su propia identidad, su propia historia y sus propios valores.

 

PROPUESTA –EXHORTACIÓN

Ante una gran presión de la comunidad internacional y por el influjo de los, así llamados, “Países del primer mundo”, que pretenden imponer criterios o estilos de vida “novedosos” o “de vanguardia”, vemos con seria preocupación cómo nuestra querida Honduras nuevamente se encuentra ante el peligro de perder la sensibilidad ante la grandeza y maravilla del don precioso de la vida, así como el don de la maternidad y la paternidad.

La Iglesia Católica cree firmemente y enseña que la vida humana, aunque débil y enferma, es siempre un don espléndido de Dios, que es bondad infinita. Contra el pesimismo y el egoísmo, que ofuscan el mundo, los hijos de Dios y todos los hombres de buena voluntad estamos en favor de la vida.

Deseamos hacer un llamado a todas las familias hondureñas, para que se unan en una sola plegaria a Dios todopoderoso, Dueño y Señor de la vida, pidiéndole nos ayude a cuidar y proteger el don de la vida humana.

Esperamos que el apego a criterios erróneos, y muchas veces infundados, el apego a convicciones nocivas o, simplemente, la filiación (militancia) a un determinado grupo político, nunca nos lleven a desvalorizar, pisotear o despreciar la vida humana. El derecho a vivir –y a vivir dignamente– es un derecho fundamental, sobre el cual descansan todos los demás derechos. Nadie tiene ni puede tener derecho a despreciar o maltratar a una persona, mucho menos a matar a un semejante.

En este Año de la Misericordia que estamos viviendo, tengamos presente que una excelente e inestimable obra de misericordia será precisamente el tener misericordia con los no nacidos. ¡Qué gran paso daremos como Iglesia, y como sociedad en general, si nos comprometemos a hacer de nuestras familias una verdadera escuela de misericordia. La misericordia es la capacidad de sentir compasión por los que sufren y brindarles nuestra ayuda.

La palabra misericordia proviene del latín misere, que significa miseria, necesidad; y de cor, cordis, que significa corazón. En cambio, el término misericordia en hebreo bíblico es rehamîm, que significa entrañas. En sentido figurado expresa un sentimiento íntimo, profundo y amoroso que liga a dos personas.

¡Qué grande obra de misericordia será entonces cuidar y defender al no nacido, que aún vive en las entrañas de su madre! Con ello, parece decirnos el Creador que es allí justamente, donde se gesta la vida, en las entrañas (rehamîm) de la madre, donde también nace y surge la verdadera misericordia.

La unicidad y lo irrepetible de cada vida humana, con toda su fragilidad, la hacen valiosa en grado supremo. Y, por consecuencia, la hacen merecedora del mayor respeto y esfuerzo de preservación por parte de sus semejantes.

Un crimen tan horrendo como es el infanticidio y el aborto jamás podrán justificarse, bajo ninguna razón o circunstancia. Una falsa o mal entendida compasión no nos puede llevar a convertirnos en cómplices o autores del asesinato de una criatura indefensa. La vida es el primero, el más grande y fundamental derecho que poseemos.

Las leyes civiles habrán de hacerse eco de ello. Y el Estado, por su parte, no puede eximirse del deber de defender absoluta y positivamente la vida de sus ciudadanos en particular y de todos en general. Es una cuestión de bien común, que es el fin esencial del Estado.

Al rechazar la propuesta de despenalización del aborto, no se busca enjuiciar ni condenar a nadie; más bien, deseamos hacer un llamado, una especial exhortación, para que todos nos unamos poniéndonos en favor de la vida, para que luchemos y defendamos juntos este don precioso.

San Juan Pablo II nos enseñó que “todo ser humano, desde su concepción, tiene derecho a nacer; es decir, a vivir su propia vida. El bienestar y el ser mismo de la sociedad, dependen de la salvaguardia de este derecho primordial. Si se niega al niño por nacer este derecho, resultará cada vez más difícil reconocer sin discriminaciones el mismo derecho a todos los seres humanos”.

A través del presente Comunicado, queremos exhortar al pueblo hondureño, a los Sres. Diputados y Diputadas del Congreso Nacional, a los Sres. Magistrados y demás autoridades, así como a los sacerdotes, religiosos, religiosas, a los fieles laicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que juntos cuidemos y defendamos la vida de los más débiles e indefensos; ante todo, la vida del niño en el vientre de la madre.

 

Por último, encomendemos a Dios todopoderoso el presente y el futuro de nuestro País y de cada familia hondureña, de nuestros niños y jóvenes, a Él que da la vida. Por ello,

queremos decir como el Apóstol Pablo: «Mi vida es Cristo», (Filipenses 1,21), porque sabemos que nuestra vida no tiene sentido sin Él o apartados de Él.

Queridos hermanos, así como Dios nos ama infinitamente, de igual manera amemos nosotros y defendamos la vida humana, por pequeña, débil o indefensa que parezca.

Que nuestra fe y nuestra esperanza nos enseñen, ante todo en los momentos más difíciles, a buscar el rostro amoroso de Dios y a contemplar la belleza y hermosura de la Sagrada Familia de Nazaret, gozosos al ver en brazos de la Virgen Madre al pequeño Niño Jesús, hijo del Padre eterno.

Pidamos a la Madre del Cielo, nuestra Señora de Suyapa, que auxilie y socorra a todas las madres de Honduras, y les enseñe a encontrar en el cumplimiento de la voluntad de Dios su más grande dicha y felicidad, cuidando y protegiendo a su hijo, fruto de sus entrañas, y que nunca los problemas de la vida las lleven a causarle algún daño, mucho menos cuando viven todavía en su vientre.

 

Que el Dios de la vida, que nos ama infinitamente, se digne bendecir a todas y cada una de las familias hondureñas, y les conceda salud y paz abundantes.

 

CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS (C.E.H.)

 

ÓSCAR A. CARD. RODRÍGUEZ M., SDB MONS. ÁNGEL GARACHANA P., CMF

Arzobispo de Tegucigalpa y Obispo de San Pedro Sula y

Presidente de la C.E.H. Vice –Presidente de la C.E.H.

 

MONS. ROBERTO CAMILLERI, OFM MONS. DARWIN R. ANDINO R., CRS

Obispo de Comayagua y Obispo de Santa Rosa de Copán

Tesorero de la C.E.H.

 

MONS. JOSÉ BONELLO, OFM MONS. MICHAEL LENIHAN, OFM

Obispo de Juticalpa Obispo de La Ceiba

 

MONS. GUIDO CHARBONNEAU, PME MONS. HÉCTOR DAVID GARCÍA O.

Obispo de Choluteca Obispo de Yoro

 

MONS. RÓMULO EMILIANI S., CMF MONS. JUAN JOSÉ PINEDA F., CMF

Obispo Auxiliar de San Pedro Sula Obispo Auxiliar de Tegucigalpa

 

MONS. LUIS SOLÉ FA, CM

Obispo de Trujillo y

Secretario General de la C.E.H.

 

 

 

Ciudad de Tegucigalpa, M.D.C. –31 de Mayo de 2016

Fiesta de la Visitación de la Virgen María

De Belén a Nazaret

1.-Como cada año en estas fechas, nos reunimos los obispos en una de las nueve diócesis de Honduras. En una especie de posadas, celebramos la presencia del cariño de Dios en cada lugar, damos gracias porque su amor nos llama a ser su pueblo, su Iglesia, en cada territorio y nos envía a cada obispo, con su presbiterio, para anunciar dignidad, paz y alegría a todos. Este año, desde Trujillo, que fue la primera diócesis en territorio hondureño, hacemos llegar esos deseos a todos los que celebramos con gozo el nacimiento del Señor y a los que anhelan paz y felicidad auténticas.

 

2.-Al finalizar el Jubileo en el pasado mes de noviembre, recordábamos que la misericordia es la viga maestra que sostiene la Iglesia. Ahora, reconocemos en Belén, en un pesebre, esa viga maestra que sostiene la Iglesia y la historia. Damos gracias por la entrañable misericordia de nuestro Dios y pedimos nos enseñe, como a María y como a José, a dar nuestro sí confiado y alegre al proyecto de aquel que es Dios-con-nosotros. En la memoria de Belén contemplamos el misterio: reconocemos en el pequeño la grandeza de Dios, escondida pero resplandeciente para los pequeños y para todos los que buscan, como los que, venidos de oriente, adoraron en Belén al niño en brazos de su madre.

 

3.- En el ya  próximo 2017, queremos insistir en cómo esa contemplación nos pone en un camino que va de Belén a Nazaret. El misterio de Belén nos lleva al secreto de Nazaret, lleno de perfume de familia, como el papa Francisco nos recuerda en Amoris Laetitia (65) Esta Exhortación Apostólica marcará nuestra tarea pastoral a lo largo del año, como un eje transversal que da unidad a nuestro camino y a nuestro servicio pastoral. La acogida y lectura atenta de las palabras del Papa serán la  guía de nuestras opciones y propuestas.

 

4.- Desde el primer día del año, el perfume de familia que percibimos en Nazaret nos hace conscientes de que “la familia es el espacio indispensable en el que los cónyuges, padres e hijos, hermanos y hermanas a prenden a comunicarse y a cuidarse unos a otros de un modo desinteresado y donde los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro la misericordia y el perdón”. (Mensaje para la 50 Jornada Mundial de la Paz para enero de 2017, n° 5)   Lamentamos que en nuestras familias la violencia doméstica sea todavía una dolorosa realidad que debemos afrontar con firmeza y renovado compromiso para erradicar esa violencia más general que padecemos en Honduras y para dar espacio a actitudes activas de no violencia, como el Papa Francisco nos urge en el Mensaje para la 50 Jornada Mundial de la Paz del uno de enero de 2017.

 

5.- El camino de Belén a Nazaret comienza para la Sagrada Familia con una fuga a Egipto en la que Jesús participa en el dolor de su pueblo exiliado, perseguido, y humillado. El  mismo dolor que viven tantos hermanos nuestros forzados a emigrar, expuestos a explotación y violencia en el camino, mal pagados en su destino y criminalizados por la prepotencia de quienes se aprovechan de su sudor. A ellos, especialmente, a los niños y adolescentes, “emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz”, no solo queremos recordarlos junto a sus familias en estos días sino que nos comprometemos a reforzar  la pastoral de la movilidad humana en cada una de nuestras diócesis para que les llegue el cariño y la cercanía de toda la comunidad.

 

  1. - En nuestras celebraciones resuena frecuentemente una canción que también nos ha ayudado en la oración de estos días.

 

En el trabajo de cada día

como vivías y amabas tú,

queremos, Madre, servir amando,

viviendo siempre junto a Jesús.

 

Es un lindo propósito para cada comunidad cristiana y para cada uno de nosotros,  de los presbíteros, de las personas consagradas, de los seminaristas y de cada agente de pastoral y de todo el pueblo Santo de Dios:  servir amando en el trabajo de cada día, en el silencio, en las tareas sencillas y llenas de ternura que, como decíamos también al finalizar el Jubileo de la Misericordia, nos llevan  a “cuidar más nuestras actitudes y destrezas de acogida, de escucha, de perdón para acompañar, discernir e integrar la debilidad de cada situación, de cada realidad familiar donde la vida crece”. Somos conscientes de la gran diversidad de realidades familiares que se dan entre nosotros. En el trabajo de cada día, queremos prestar más atención a esa diversidad de modo que podamos los obispos, hacia la Pascua, publicar unas orientaciones que renueven e inculturen la pastoral familiar en cada diócesis.

 

7.- El perfume de familia que exhala la casa humilde de Nazaret nos invita también a poner la mirada en la casa común, en esta tierra nuestra en la que Dios es Dios-con nosotros. Desde ya, invitamos a cada uno para que en estas fiestas, en las que nos vemos tentados al abuso y a malgastar, cuidemos no solo no dañar el ambiente sino mejorar positivamente el aire que respiramos, la limpieza de las fuentes de agua, de las calles y de cada hogar. Las vacaciones escolares sean un buen momento para que especialmente jóvenes, adolescentes y niños realicen tareas que pueden parecer pequeñas pero que el secreto de Nazaret nos hace reconocer su grandeza. A estos pequeños pasos deben seguir compromisos de toda la comunidad sobre los que también nos proponemos, en el ámbito de la Conferencia Episcopal, reflexionar y compartir a lo largo de este año.

8.- El 2017 será año político, como solemos decir cada cuatro años.

Feliz año político les deseamos a todos recordando que el Señor se ha hecho ciudadano, habitante de nuestras ciudades, de la “polis” que estamos todos llamados a construir.

Feliz año si los ciudadanos asumimos la responsabilidad por el bien común, por informarnos de propuestas y proyectos, por  dar seguimiento a su cumplimiento y no dejarnos llevar por ofertas engañosas o por palabras que parecen mágicas.

Feliz año político para los candidatos que, con ilusión, se acerquen a la realidad de nuestro pueblo para analizar, proponer y ofrecer alternativas que superen desigualdad y exclusión y nos libren de corrupción.

Feliz año político para nosotros obispos si, manteniéndonos cerca de los más pobres y con los más pobres, sabemos  ofrecer, en la cercanía de las elecciones, un discernimiento político válido y eficaz,

 

9.- Al finalizar el Jubileo de la Misericordia el Papa Francisco  ha llamado a seguir proclamando el cariño entrañable de Dios. De su Carta Apostólica Misericordia et Misera recogemos un llamamiento que nos ilumina en este año político.

 

El carácter social de la misericordia obliga a no quedarse inmóviles y a desterrar la indiferencia y la hipocresía, de modo que los planes y proyectos no queden sólo en letra muerta. Que el Espíritu Santo nos ayude a estar siempre dispuestos a contribuir de manera concreta y desinteresada, para que la justicia y una vida digna no sean sólo palabras bonitas, sino que constituyan el compromiso concreto de todo el que quiere testimoniar la presencia del reino de Dios. (Carta apostólica “Misericordia et Mísera”,  19)

 

Y de esa misma Carta Apostólica tomamos y compartimos una llamada que hará que la Navidad y el año nuevo sean tan felices como todos deseamos: “Que nuestras comunidades se abran hasta llegar a todos los que viven en su territorio, para que llegue a todos, a través del testimonio de los creyentes, la caricia de Dios”. (“Misericordia et Mísera, 21)

 

Trujillo, 21 de diciembre de 2016

 

                                   CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

La Conferencia Episcopal de Honduras, CEH, eligió a sus nuevos responsables para los diferentes cargos: Mons. Ángel Garachana, como presidente de la Conferencia Episcopal; Mons. Guido Charbonneau, vicepresidente; Mons. Héctor David García, secretario. Te presentamos una breve descripción para que conozcas bien a todos:

Mons. Ángel Garachana: Es el actual presidente de la CEH. Nació el 03 de Septiembre de 1944 en  Burgos (España). Misionero de la congregación de los padres claretianos. Fue ordenado sacerdote en 1972. En Octubre de ese mismo año es enviado como coadjutor a la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe de San Pedro Sula y Consiliario Diocesano del movimiento de cursillos de cristiandad, cargos que desempeñó por tres años. Regresa a España en 1975 y en 1992 es elegido Superior Provincial de los misioneros claretianos de Castilla. En razón del cargo visita las comunidades claretianas de Honduras los años 1992, 1993 y 1994. El día 30 de Noviembre de 1994 se hace público su nombramiento de Obispo de la Diócesis de San Pedro Sula. Es ordenado obispo el día 03 de Febrero de 1995 en la Catedral Sampedrana. Ha sido secretario general del SEDAC (Secretariado Episcopal de América Central) de 1966 al 2000 y presidente del DEVIC (Departamento de vida consagrada del CELAM) de 1999 al 2003.

Mons. Guido Charbonneau: Es el actual vicepresidente de la CEH. Nació el 13 de enero de 1946 en Montreal, Canadá. Miembro de la Sociedad para las Misiones Extranjeras de la Provincia de Quebec. Ordenado sacerdote en 1970. Llegó en 1970 a Honduras, donde ha ejercido numerosos cargos pastorales, entre otros: rector y profesor del seminario menor y mayor de Tegucigalpa, responsable de la formación misionera Ad Gentes, Honduras, director de las Obras Misionales Pontificias en Honduras, y otros (la lista es infinita). Ordenado obispo de Choluteca en 2014.

Mons. Héctor David García: Nombrado secretario de la CEH. Nació en Concepción de María, Diócesis de Choluteca, (Sur) el 23 de septiembre de 1966, y se ordenó sacerdote en noviembre de 1997,  con 31 años de edad. Vicerrector del Seminario Mayor de Nuestra Señora de Suyapa en Tegucigalpa, canciller de la Curia diocesana, vicario general de la Diócesis, rector del Seminario Menor Pablo VI de Choluteca y vicerrector del Seminario Mayor de Tegucigalpa. Ordenado obispo de Yoro en 2014.

Mons. Roberto Camilleri: Continúa como tesorero de la CEH. Nació en Hamrun (Malta) en 1951. Cursó los estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Franciscano de Rabat (Malta) y de Jerusalén. Emitió la profesión solemne en 1972, como miembro de la Orden Franciscana de los Frailes Menores, y fue ordenado sacerdote en 1975 por el Papa Pablo VI en Roma. Llegó a la Diócesis de Comayagua en 1979. Nombrado Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Tegucigalpa,  ordenado obispo en 2001. En 2004 tomó posesión de la Diócesis de Comayagua.

<<Esto dice el Señor: conviértanse a mí de todo corazón>> (Jl 2, 12)

Con el Miércoles de Ceniza hemos iniciado el camino de la Cuaresma.  Un camino que nos permitirá descubrir con mayor profundidad el don de la MISERICORDIA.  Este DON de Dios nos exige CONVERSIÓN tanto para ser dignos de recibirlo como para ser capaces de darlo.  Por eso, el Papa Francisco concluye el Mensaje que ha dirigido a todos los fieles con motivo de la Cuaresma con las siguientes palabras:

“No perdamos este Tiempo de Cuaresma favorable para la conversión.  Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf. Lc 1, 48) reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cf. Lc 1, 38)”.

La referencia a la Virgen María con que el Papa concluye su Mensaje, queremos que sea el principio de esta Exhortación que los Obispos de Honduras dirigimos con afecto paternal a todos los fieles.  Porque María, la Madre del Señor, ha sido la primera en recibir la Misericordia del Padre y se convierte para nosotros en modelo de la humildad que necesitamos para ser “MISERICORDIOSOS COMO EL PADRE”.   Durante las recientes celebraciones de la Fiesta de Nuestra Señora de Suyapa, hemos comprobado cómo ella anima la virtud de la humildad en quienes la aman y veneran.  Y también hemos sido testigos de cómo, desde “su pequeñez”, María inspira la generosidad de quienes ofrecen diversos y abnegados servicios a los peregrinos que la visitan.  Para todos ellos vaya nuestro más sincero agradecimiento.

La CONVERSIÓN que este tiempo de Cuaresma viene a favorecer, consiste en un “auténtico giro” de toda nuestra vida, orientándola de cara a la voluntad de Dios.  Y la voluntad de Dios es siempre “lo bueno”, porque toda bondad brota de Dios que es Amor misericordioso.  Por eso, la conversión sólo es auténtica cuando “lo bueno” lo deseo y lo busco no sólo para mí, sino también para mi prójimo, porque ese es el mandamiento del Señor.

Un ejemplo de ello serán las actitudes con que enfrentemos la amenaza de la enfermedad del “zika” y sus consecuencias. Quien sólo piense en protegerse él y su familia sin trabajar por toda la comunidad, peca de indiferencia, que, como afirmó Su Eminencia, el Arzobispo de Tegucigalpa, ante esta emergencia nacional, es el pecado más grave.

Pedimos al Señor y a nuestra Madre la Virgen, por Honduras.  Necesitamos una verdadera conversión hacia los valores cristianos, culturales y patrióticos que sustentan las raíces de una sociedad que quiere ser democrática.  Necesitamos que la clase política dé un “auténtico giro” de cara a la democracia participativa y comunitaria basada en los principios éticos que le dan su razón de ser.  Honduras necesita que la sociedad civil y los partidos políticos produzcan ciudadanos capaces de trabajar por el Bien Común, que preparen futuros Diputados,Magistrados y Funcionarios capaces de defender los intereses del pueblo al que representan antes que estar sometidos al partido al que pertenecen.  A los tres poderes del Estado que con tanta frecuencia decepcionan al pueblo que ha depositado en ellos sus esperanzas, les pedimos que mediten las palabras del Señor Jesús dirigidas a las autoridades del antiguo Israel que caían en los mismos errores que vemos en la actualidad:

<<Ustedes pagan el diezmo de todo sin olvidar la menta, el anís y el comino, y, en cambio, no cumplen lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la lealtad.  Estas son las cosas que deberían observar sin descuidar lasotras>> (Mt 23, 23).

La LEALTAD nos exige a todos convertir nuestras actitudes y acciones a la Ley.  La persona “leal” es la persona “legal” en todo lo que hace.  Porque la Ley máxima que dirige su vida es la que Dios pone en su conciencia.  Rechazar la corrupción es un signo de lealtad.  No sólo la que se da en las altas esferas del poder, sino esa corrupción que camina en el ámbito familiar, que se cuela en ámbito laboral, en el religioso, entre vecinos e incluso, y para colmo, en el ámbito deportivo.

La JUSTICIA sola no basta para transformar la sociedad.  Sin opción por la MISERICORDIA, la justicia no es capaz de romper el círculo de la violencia ni el de la venganza.   La conversión a la misericordia nos convence de la necesidad de la JUSTICIA SOCIAL que es la que sí puede cambiar la sociedad en la medida en que es capaz de legislar no para unos pocos sino para todo el pueblo.

<<Porque nosotros esperamos según la promesa de Dios cielos nuevos y tierra nueva, un mundo en que reinará la justicia>> (2 Pe 3, 13).

Caminemos, pues, con los ojos bien abiertos, dispuestos a descubrir el paso del Señor que nos invita a dar ese “auténtico giro” que es la conversión.  Pero atentos también a todo aquello que debe cambiar y mejorar en Honduras.  Atentos al sistema educativo, al sistema de salud, a la seguridad ciudadana, a la revisión salarial, a la canasta básica, a los bosques masacrados, a las fuentes de aguas que se quieren privatizar, a la actuación de nueva Corte Suprema de Justicia, a los planes de desarrollo que promete el Ejecutivo, al accionar de la Corporaciones Municipales, a la depuración policial, y a tantos y tantos temas que son vitales para que mejore Honduras.

Caminemos la Cuaresma queriendo que nuestra conversión nos lleve a vivir mejor,desdela LEALTAD, el don de la MISERICORDIA que nos hace servidores de la JUSTICIA.

Al invitarnos a vivir el Año Jubilar de la Misericordia, el Papa Francisco afirma: <<No será inútil en este contexto recordar la relación existente entre justicia y misericordia. No son dos momentos contrastantes entre sí, sino un solo momento que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor >>.

Comayagüela, M.D.C., 17 de febrero de 2016.