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“Una imagen más clara de Dios”

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Hoy que se celebra en nuestro país el Día de la Madre, El Buen Amigo comparte el testimonio de vida de la hermana María Agustina Torres viuda de Salvador, quien desde su lecho de enfermedad nos cuenta las vivencias y desafíos que le ha tocado vivir y de los que gracias a Dios se ha levantado con fortaleza reconociendo que Dios ha sido su ayudador.

Buen Amigo: ¿Cuéntenos sobre su matrimonio y su familia?

María Agustina Torres: Me case enamorada, con Alfonso Salvador, un hombre entregado a Dios, servimos juntos en la iglesia y formamos el grupo de Ríos de Agua Viva de la Renovación Carismática Católica del barrio Medina. Cada lunes en nuestro hogar  se reunían unas 300 personas para alabar al Creador. En la actualidad este grupo continúa con su legado espiritual.

En mi vida personal, me ha tocado vivir experiencias muy duras, momentos difíciles como el fallecimiento de mi esposo, de dos hijos, mis padres y dos  de mis hermanos. Creo que el dolor me ha fortalecido y hasta el día de hoy bendigo a Dios porque a través de mi experiencia he podido aconsejar a otras personas. Reconozco que sin Dios mi vida no es nada, él me ha dado la fortaleza para seguir adelante con mis tres hijos.

BA: ¿Qué  significa para usted  ser mamá?

MAT: Ser madre es un anhelo grande en el corazón de una mujer, que siente ese llamado a  ser carne de su carne y fruto de un amor. Dios me llamó a ser madre de 5 hijos dos están en el cielo y tres conmigo. Le doy gracias a Dios por los hijos que están el cielo y por los que me acompañan, ellos ya son adultos y están formados, son mi orgullo. Como madre me siento bendecida mis hijos vieron mi ejemplo. Siempre hice la voluntad de Dios.

Después de la muerte de mi esposo, mi fuerza fue y seguirá siendo mis hijos, ellos están pendientes de mí, me recompensan con su amor y aunque no tengamos riquezas soy una madre bendecida. Creo que lo que uno siembra eso cosecha hoy en día los miembros de la iglesia me ayudan con los medicamento que necesito y esas son bendiciones de Jesucristo.

BA: ¿Qué significó para usted dedicar 50 años de su vida a la educación?

MAT: Mi vocación de maestra fue uno de los más grandes regalos que mi Dios me ha dado, porque ame mi profesión, enseñe desde el corazón y ame a los niños. Una de las partes más importantes de mi vida fue mi servicio por 50 años en la educación y especialmente como directora en la Escuela San Vicente de Paúl del Barrio Medina.

BA: ¿Ha formado parte importante de su vida el servir en la iglesia?

MAT: Es una bendición que no tiene límite, el amor de Dios en nuestros corazones nos mueve a  servir a los demás. Servir en la iglesia fue un privilegio que le agradezco todos los días al Señor. Desde niña fui formada por las hermanas del hogar San José, más a delante, en mi vida tuve un encuentro personal con Dios, el 17 febrero de 1980 en la escuela San Vicente del barrio Medina. Desde entonces a ese Jesús que algunas veces lo sentía lejano, ahora lo sentía tan cerca de mi vida y esto me ayudo a vivir en comunidad y a servir en mi iglesia predicando, impartiendo seminarios y evangelizando en el ministerio de alabanza.

BA: ¿Que otras formaciones ha recibido en su vida?

MAT: He servido en mi parroquia San José y otras comunidades durante 33 años, fui catequista desde los 14 años, luego catequista de adultos preparando parejas para el sacramento de matrimonio, me gradué en el diplomado en teología en la UNICAH, me preparé como ministro extraordinaria de la comunión, en el apostolado Israel hice mi escuela de formación, también en la renovación carismática, colaboré como maestra de los módulos en la escuela de levadura con los hermanos dominicos entre otros.

B.A: ¿Desde su lecho de enfermedad que le puede decir a nuestro lectores del Buen Amigo que viven momentos difíciles?

MAT: Humanamente la enfermedad nos quita el impulso, los anhelos y los sueños, más cuando la enfermedad es larga, los tratamientos costosos y nuestro cuerpo está débil. He estado cansada y con miedo pero agradezco a Dios por fortalecerme en los momentos difíciles de mi salud. Por mi diabetes avanzada he perdido mi vista, ya no veo nada, pero aconsejo a todos que no dejen de cantar, yo desde mi cama le he consagrado mi voz al Señor, quiero entrar cantando al cielo. No dejen de orar  y hablar con Dios, él es nuestro médico y aliviara nuestro dolor.

Aún con mi enfermedad trato de congregarme y pongo toda mi energía para recuperarme. Bendigo a mis hijos que hoy me cuidan. Mi vida sin ellos sería más difícil.