"Jesús quiere sanarte"

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Así se llamó la Prédica del Rvdo. P. Eugenio Hoyos en Expocentro, el 1 de octubre recién pasado. El salón Los Zorzales nunca se había visto tan rebosante de fieles, que vinieron de diferentes lugares del país.
Unos días antes, el P. Eugenio había estado en la Basílica de Suyapa, con un lleno total. Los medios de comunicación lo entrevistaron, incluso fue invitado por Telesistema, en el programa del periodista Renato Álvarez. Toda esa publicidad contribuyó enormemente para que el evento de nuestra Parroquia La Santa Cruz, fuera todo un éxito.
Muchos fueron los enfermos que esperaban ansiosamente en primera fila a que el P. Hoyos les impusiera sus manos y este carismático sacerdote habló y dio ánimos a todos.
Lo primero que hizo fue dirigirse al Señor en una sentida oración, diciéndole que todos estábamos allí “con la sensación y la seguridad de que Tú les vas a responder, que tú les vas a sanar, que tú les vas a liberar Padre Celestial, Padre amado”. Y a continuación pidió al público ponerse de pie, alzar las manos para invocar al Señor, “Cree al que tiene poder, al que va a transformar tu vida, al que va a edificar tu vida, al que te va a dar un mensaje de amor y de esperanza, al que te va a dar el agua de la fuente porque has estado sediento de Dios, dijo.
Con la alabanza se comenzó a invocar la presencia del Espíritu Santo, “fluye Espíritu Santo, fluye sobre este lugar”, la gente con las manos en alto seguía cada plegaria del sacerdote, así como entonaba los cantos con mucho ardor. La atmósfera era de completa espiritualidad. “Cosas grandes y maravillosas van a suceder en esta tarde, tú no nos vas a enviar a nuestras casas con las manos vacías, los vas a enviar llenos de gracias, llenos de la fuerza del Espíritu Santo, porque Tú Señor tienes poder, eres grande y poderoso. Dígale en este momento a qué vino usted, dígale señor, yo vine porque estoy angustiado, porque no aguanto más porque en mi casa tengo una dificultad. Empiece a mover sus manos y dígale al Señor, que venga a mí tu bendición.
“Muchos se preguntan, dijo el P. Hoyos, será la voluntad de Dios que yo esté enfermo? Estaré pagando por algún pecado que he cometido o que un familiar mío cometió un error y ahora lo estoy pagando yo? Todo esto vamos a enfrentarlo y vamos a tomarlo como un gran regalo de Dios, porque no somos desperdicio, no somos basura, nosotros somos seres que ama Dios y Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros. Dios no ha terminado con su proyecto de amor, hoy sigue sanando, siguen existiendo milagros y yo creo en los milagros, porque yo también fui sanado por la sangre del Cordero, por la sangre de Cristo Jesús. Y usted también, mi hermano, usted va a ser sanado, porque Dios nos quiere, a cada uno de nosotros, sanos en el Espíritu”.
El P. Hoyos se refirió a San Lucas 6, 19 que dice y toda la gente procuraba tocarle porque el poder salía de él y sanaba a todos.
Sí, continúa el sacerdote, Dios quiere sanarnos a todos, y Él lo ha dicho en Su Santa Palabra: todos quedarán sanos si se convierten a Mí. Pero a cada uno de nosotros se nos va a pedir que tengamos fe. Crea que sí se va a sanar porque el poder de la oración es grande y porque la sangre de Cristo sana y libera.
Al P. Eugenio le gusta mucho que la gente aplauda al Señor y le dijo a la audiencia que lo hacía porque “cuando Jesús sanaba salía un fuerte calor de sus manos y en nosotros Dios quiere que esas manos ya no sean las nuestras, ellas van a ser las manos de Jesús.
Ubicado desde un lugar privilegiado para ver los rostros de los espectadores, el P. Eugenio, anima y pide a los presentes cambiar la expresión de sus rostros, porque con su gran sentido del humor, dice que había algunos con cara de “chicle masticado”. “Cambie la cara, que se le nota el tipo de enfermedad, se les nota el dolor y yo quiero que a ustedes no se les note, hermanos, la enfermedad, ni el problema, yo lo que quiero que se les note es que Cristo los ha sanado y han cambiado de cara para la gloria de Dios!!
Luego proclamó Isaías, Cap. 53, 3-4 y después expresó con fuerza que “El precio ya está pagado. Su sanación ya es un derecho, sabe por qué es un derecho? Porque el Señor lo va a sanar a usted y usted no ha ido por ese derecho que le corresponde, porque usted no lo sabía, pero por el hecho de que somos hijos e hijas de Dios, tenemos un derecho de un Padre que nos va a fortalecer y nos va levantar en el nombre del Señor!
El P. Eugenio también aconsejó no dudar, no ponerle más obstáculos al Señor, porque si hay dudas, entonces no le va a pasar nada, dijo. También dijo que el demonio haría todo lo posible porque se sintiera inquieto, con más molestias, aburrido, porque lo quiere desarmar, “porque aquí tiene más poder Jesús, aquí el Señor te va a sanar a ti, y explicó que una de las actitudes que no deja que una persona se sane es la duda, es la incredulidad, ese es el obstáculo más grave de por qué la gente no se sana y lo vamos a ver en San marcos, 9 y siguientes dijo.
Las prédicas del P. Eugenio, son amenas y hacen reír a la gente. Para sustentar más la lectura bíblica, llamó a uno de los presentes y le hizo tenderse en el suelo, simulando ser un endemoniado y mientras proclamaba la lectura, llamó a otros 4 hombres para que cargaran al endemoniado. La gente aplaudía y se reía. Sin embargo, la idea del padre era que se tuviera una idea más exacta de lo que había ocurrido en aquel pasaje bíblico.
“Imagínense, hermanos, dice el padre, que se lo llevan a Jesús y les dice Qué generación tan incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Por eso pasan cosas terribles en nuestra sociedad, por eso hay enfermedades terribles a cada momento porque nos estamos dejando arrastrar por el mundo,
“El espíritu inmundo salió, nos dice el sacerdote, porque Jesús tenía una gran fuerza y esa fuerza era superior a todo lo que había y lo sacudió fuertemente, ya no lo sacudían los demonios, a él lo que lo sacudía era la fuerza de Jesús, que sanaba y liberaba y que daba todo lo que no había en este mundo, y es que ese joven necesitaba que Dios lo moviera como muchos de nosotros que necesitamos que Dios nos mueva en esta vida. Y eso puede pasarte a ti hermano, por eso tenemos que decirle al Señor, yo creo. Como está tu fe? Jesús le dijo al espíritu malo, espíritu yo te ordeno sal del muchacho y no vuelvas otra vez.
El P. Eugenio explicó que hay enfermedades que vuelven porque no han sido selladas. “Es necesario, expresó, que sellemos esa enfermedad, tres veces en el Nombre del Padre, en el Nombre del Hijo y en el Nombre del Espíritu Santo. Y se le dice al enfermo: sello esta enfermedad con la sangre de Cristo y las huellas del Señor. Ustedes lo deben hacer con los enfermos, séllenla, enfatizó, porque si no, la enfermedad regresa.
En seguida el padre pidió ponerse de pie a los que padecían de problemas de ansiedad, depresión, miedos, etc., y oró fuertemente, por todos ellos. También pidió a los presentes poner sus manos sobre los enfermos, “porque el señor nos invita a que oremos los unos por los otros.
Mientras se alababa con cantos, el P. Eugenio continuaba orando y dijo: “aquellas personas con cáncer van a comenzar a sentir cambios en su vida, la persona que está en diálisis, va a testimoniar que el Señor lo ha sanado.
“Hermanos, continuó, tienen suficiente fe? qué tanto? Cuando pides una sanación por ti o por un familiar cuál es el convencimiento de que ese milagro o esa sanación va a suceder? 50%, 10%, 100%? Te pregunto qué tanto lo pides a Jesús, con qué frecuencia ante Jesús Eucaristía? Frecuentas los sacramentos? eres envidioso, celoso, mal geniado, mal hablado, chismoso infiel? te das cuenta, entonces, que el problema no es Jesús, el problema eres tú. Lejos de Dios has estado, por eso no hay sanación, lejos de Dios no hay salvación, lejos de Dios no hay liberación.
El sacerdote se preguntaba por qué sólo cuando estamos en crisis nos acercamos a Dios, por qué no hacerlo más a menudo, si estar con Jesús, dijo, es una fiesta! “Para ser una persona nueva en Jesús, hay que sacudirse en el Nombre de Dios, por eso les hablo a ustedes del Ruah, el Ruah significa el soplo de Dios y tenemos nosotros que sanar la enfermedad, diga Ruah cuando venga la enfermedad, nosotros necesitamos de fuerzas, nosotros estamos débiles y por eso cualquier enfermedad viene como una veleta y nos lleva, tenemos que sacudirnos un poquito y pedir ese Ruah.
El padre también habló de la mala influencia que ejerce sobre las personas el teléfono móvil, nos dejamos controlar por él, dijo, “los celulares están dividiendo todo, dijo, nos acostamos con ellos y nos bañamos con ellos, porque hay esposos que se bañan con ellos porque no quieren que la esposa revise el celular”. La gente aplaude entusiasmada, porque saben que es verdad. Y el sacerdote pregunta: el celular se sacrificó por ti? el celular que tienes se dejó crucificar? el celular sana? El celular dio la vida por ti? pero Jesús sí, entonces por qué te desesperas? Desespérate cuando no tienes a Cristo en tu vida porque el que no tiene a Cristo, no tiene nada, dice. Le estamos dando más vida a las cosas materiales, al dinero, los celulares, y nos hemos olvidado de Dios. Llénate de Jesús, llénate del Espíritu Santo, llénate de la fuerza que da Jesús, no hay nadie que te de fuerza sólo Jesús tiene ese poder para cambiarte, poder para renovarte, poder para levantarte y decirte de esa silla de ruedas te vas a levantar.
Explicó que el 90% de las enfermedades son psicosomáticas, “provienen del alma y tienen que ver con los estados de ánimo de la persona, tienen que ver con el resentimiento, el odio, con el rencor, con amarguras, con la soledad, esos estados de ánimo generan sustancias toxicas dentro del cuerpo y enferman, por eso hay que darle salud al alma y se le da salud orando y amando, dijo.
También nos hizo ver que la actitud debe ser de confianza en el Médico Divino. “Si la quimio le está dando vómitos, diga, me estoy sanando en el Nombre de Dios y yo sé que esto es duro, pero más duro es morir y yo tengo fe de que voy a salir adelante y esa quimioterapia sí me va a funcionar en Nombre de Dios. Es importante, expresó, que creamos en las cosas de Dios, hay que creer, todos tenemos que creer con una actitud diferente. Nosotros aquí en la Iglesia no queremos pobreza, nosotros queremos riqueza espiritual, confiar en el Señor y decir, Señor, me voy a levantar.
También el sacerdote se refirió a su enfermedad, los médicos decían: no hay nada que se pueda hacer, si sobrevivía, quedaría como un vegetal, pero, nos cuenta, “Yo decía, Tú tienes la última palabra, Señor, no escuches a los médicos porque te estoy orando, Señor, pero si esa es la voluntad del Señor, está bien, porque Jesús puede sanarme. No voy a dudar, Señor. Y siento por dentro, Señor, que me estás levantando, yo sé que contigo hay poder y siento una gran fuerza”. Contra todo pronóstico médico, y después de estar en coma por treinta días, después de que fui a otro lugar, aquí estoy, porque Dios me quiere vivo! Hay que confiar en Dios, dice, y no hay que dudar, Jesús quiere sanarte, por qué dudas? Sonría, hermano, sonría! ponga buena cara y dígale, aquí en mi cuerpo mando yo, y tú, enfermedad, no mandas, te sales de mi cuerpo porque aquí el dueño de mi vida se llama Jesús. Elige tú si te quieres sanar y nacer como nueva persona.
De nuevo el sacerdote pide ponerse de pie a los que padecen cáncer o están orando por alguien en casa que tiene esa enfermedad. Luego invita a los que reciben tratamiento de quimioterapia, que pasen al frente para orar por ellos. En medio de la oración exclamó, “aquí hay sanación, se siente Tu fuerza, estás sanando! Cree, hermano, aquí el Señor está obrando grandemente! el páncreas esta sanando! el color amarillo ya no lo tendrás! Es Jesús que está cambiando las células, tejidos. Digan todos sana, Señor, sana Padre Santo, bendito sea el Señor, glorificado sea el nombre del Señor! Amén!
Al final de su prédica el P. Eugenio enseñó un estribillo para que en los momentos duros, lo recordemos y lo cantemos, el mismo dice así:
Lero, lero, lero, con Jesús todo lo puedo!
Lero, lero, lero, esa enfermedad yo no la quiero.
El P. Eugenio dijo también que cualquiera puede seguirlo en Facebook. Si tiene algún problema puede discutirlo con él.
Damos gracias a Dios por todos los prodigios y milagros que se vivieron en esa noche. Nuestro Párroco, P. Augusto Présiga, agradeció al P. Eugenio haber atendido su invitación y animó a los presentes a dar testimonio tanto de lo vivido en esa noche de gracia, como de las sanaciones ocurridas.

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Texto e imágenes: Victoria Cotton

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